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Contra el conservadurismo y la reacción

  • Escrito por Andrés A. Aguilera Martínez

EL ESTADO Y SUS RAZONES 
Ayer, en una sesión que quedará para las páginas más obscuras de la historia
de nuestro país, el Congreso del Estado de Sinaloa rechazó modificar el Código Civil de la entidad a efecto de reconocer y legalizar el matrimonio igualitario en la entidad. En una votación cerrada —20 en contra; 18 a favor— los Diputados locales demostraron que el conservadurismo no entiende de partidos y, mucho menos, comprende de realidades, pues se aferra a atavismos y visiones sesgadas y prejuiciosas, en detrimento de la dignidad de las personas.
Hoy, más que nunca, el rancio conservadurismo y la reacción se encuentran al acecho de afectos y partidarios, sobre todo de aquellos que se sienten desilusionados y ajenos al cumplimiento de promesas de bienestar que traían consigo las ofertas democratizadoras y libertarias propias de los excesos generados por el fin de la bipolaridad política del orbe. 
Los conservadores y reaccionarios, esos que fueron partidarios de los beneficios de los sistemas de clases sociales y castas raciales; de los que propugnaban por la permanencia de privilegios para los altos jerarcas de iglesias y sociedades religiosas, escudados en dogmas e interpretaciones —a modo— de textos histórico-religiosos; los mismos que promovieron el genocidio a partir de visiones fanáticas respecto a la pureza de la raza, y que han procurado, a través de convencionalismos sociales el sojuzgamiento de las mujeres en el mundo; hoy vuelven, con renovados bríos, a la escena pública a tratar de imponer un status quo que, desde hace varias décadas, ha dejado de ser parte de la realidad social.
En una patética y pírrica victoria, supieron incrustarse en las mentes y conciencias de representantes populares, a través de las conocidas prácticas de presión, para evitar lo que, en legalidad y justicia, han sido derechos ganados, aceptados y reconocidos por la mayoría de las personas y por las instituciones encargadas de la interpretación de nuestras normas jurídicas. Los matrimonios igualitarios son una realidad que, pese a quien le pese, habrá de imponerse a las funestas prácticas de grupúsculos de privilegiados que sólo buscan imponer sus ideas y visiones retrógradas y prejuiciosas, a la sociedad mexicana a través de las instituciones jurídicas del estado mexicano.
La libertad es un derecho inalienable del ser humano. Cada uno es libre de tener las ideas que más le plazcan, siempre y cuando éstas y su manifestación, no trasgredan los derechos y libertades de los demás. Prohibir es un acto propio de las dictaduras, de autoritarismos rancios carentes de diálogo y plenos de imposiciones a través de la coerción. Limitar los derechos de las personas, pese a lo obvio, sólo detiene —por un lapso corto— lo inevitable: en los estados democráticos los derechos se ejercen con o sin autorización de las instituciones gubernamentales. Así, será sólo cuestión de tiempo que los matrimonios igualitarios sean reconocidos y legislados en todas las entidades del país, en demérito de los más rancios conservadurismos que, por más que se esmeren, intentan detener lo inevitable.
@AndresAguileraM