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La Realidad Autoritaria

  • Escrito por Vladimir Galeana Solórzano

Sin punto y coma 
Sin lugar a dudas aquellos temores que tanto despertaba Andrés Manuel López
Obrador cuando recorría el país en su periplo de años sembrando descontento y profundos odios contra la clase política a la que acusaba de todo, sin presentar prueba alguna claro, están a punto de consolidarse. El el sembrador del odio como le llamaron muchos, por su cercanía a las ideologías populistas del sur del Continente, y por el uso frecuente de peculiares términos  “chavistas” en su habitual discurso, comenzó a despertar temor en ciertos sectores sociales, pero una gran esperanza en los más desprotegidos.
 
 
Y desde luego que el discurso polarizó a esa sociedad que ansiosa de encontrar mejores condiciones de vida, se entregó sin paliativos a un proyecto que continúa sin definición, pero que camina en el mismo sentido de la tiranía venezolana. También tenemos que reconocer que a esos hombres y mujeres que han vivido en la pobreza sin la esperanza siquiera de obtener los recursos necesarios para alimentar a sus hijos, y otorgarles la posibilidad de recibir al menos una educación que logre insertarlos en los procesos de la economía  productiva, se entregaron sin condiciones a su proyecto.
México se encuentra en un momento de definiciones. Para bien o para mal se avizoran 2 grandes bloques con una opción diferente de país, y que hasta ahora han venido contrastando el uno a base de mentiras, dicterios, y acusaciones sin fundamento en predicas populistas elaboradas por los mismos ideólogos de los gobiernos del Cono Sur del Continente, y el otro sin la fortaleza que otorga la credibilidad. La peculiaridad principal de esta ala de la democracia Mexicana es la siembra del odio y la negación de los logros del pasado.
Hablar de una refundación del país es el principal argumento para la instauración de una dictadura similar a la de gobiernos que surgieron en Ecuador, Argentina, Bolivia, Venezuela, Honduras y Brasil. La parte central de la estrategia populista es la búsqueda de la adhesión de las clases populares a través de la atracción maniquea de las predicas reivindicatorias. Las promesas y la prédica fácil tienden a atraer numerosos adeptos, pero esta comprobado que este tipo de gobiernos en el Cono Sur del Continente resultaron un completo fracaso, y lo único que lograron fue ensanchar la pobreza y la miseria.
 
Andrés Manuel López Obrador ha sido incansable en su periplo por todos los rincones del país, y hay que decirlo abiertamente que los fondos para lograr la hazaña de alzarse con la Presidencia de la República salieron de los jugosos negocios que realizó con su gobierno en la Capital de la República, y el de Marcelo Ebrard, quien por cierto al día siguiente de haber entregado la Jefatura de Gobierno puso tierra de distancia para evitar posibles juicios legales. MiguelÁngel Mancera supo cumplir a cabalidad su papel de protector y cómplice del desaguisado de la Línea 12 del Metro.
Bien dicen los enterados que para hacer política se requiere mucho dinero, y hay que decirlo abiertamente, el ahora Presidente de la República siempre lo tuvo. Aunque muchos no lo quieran reconocer, la tentación autoritaria ha comenzado a convertirse en una lamentable realidad. Escribo esto en momentos de agobio para el periodismo mexicano, porque las advertencias han comenzado a presentarse con muchos de mis compañeros de profesión quienes han sido despedidos de forma deleznable. Lo primero que desaparecerá será la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, claro, a menos que se logre nombrar a un adepto al proyecto de Andrés Manuel López Obrador.
 
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