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Nueva historia

  • Escrito por Roberto Cienfuegos J.

SINGLADURA  
Ya se fueron siete meses de la 4T y con ellos también se escribió la historia de
numerosas expectativas de muchos ciudadanos que aguardaban con absoluta certeza los frutos del cambio prometido.
 
Es cierto, se han incubado cambios. Entre ellos registramos la presencia omnímoda del Jefe del Ejecutivo mexicano. Antes casi ausente si se le compara con la avasallante anatomía de cuerpo presidencial, la figura, el eje nacional, el político que rompió la sana distancia zedillista. Este sí se embadurna de pueblo casi todos los días.
 
¿Es un cambio, no? Cambio de fondo, diría. No hay espacio que no colme ni ejercicio de poder que cese. Va por todo, tiene para todos, se basta así mismo. Sobran Martínez Cázares, Urzúa Macías, Josefina Blanco, Simón Levy, otros muchos y los que sigan. Hay presidente. Se ve, se siente. En sus mañaneras, aun en aquellas en las que comparte el templete con alguno de sus hombres o mujeres, permanece vigilante y si algo se les atora, corrige, endereza el rumbo. Les impide caer en el error. Después de todo él tiene sus propios datos. Hágale como quiera.
 
¿Su vocero? ¿Cuál? El y sólo él, es su propio vocero, su estratega de comunicación. Enrique Loubet jr, el extinto cronista de Excélsior y titular por muchos años de Revista de Revistas, solía decir que le encantaban los monólogos por su fascinación de hablar sólo con gente inteligente. ¿Será el caso? Que cada quien responda para salvar cualquier error eventual. Después de todo, cada quien tiene su propia percepción y es el único dueño y soberano de sus datos. Cada cabeza es un mundo, argumentan en Yucatán con la sabiduría maya ancestral.
 
Hay otros cambios, claro. Se acabó el neoliberalismo con su cauda de corrupción y entreguismo. Todo mundo sabe que no hay corrupción y el que se atreva irá al tambo directo. Tan no hay corrupción, que el Sistema de Administración Tributaria (SAT) recaudó en términos históricos. El pueblo bueno y sabio está aportando más al fisco porque está convencido de que su dinero no termina ya en las faltriqueras puercas de los políticos corruptos. Clap, clap, clap.
 
El NAIM no fue inundado, pero dejó de ser para fortuna nacional un barril sin fondo.
 
Resueltos los destellos rebeldes en la Guardia Nacional (GN), ésta ya da muestras de eficacia en la tarea suprema de impedir el tránsito de inmigrantes. Hasta Trump aplaude feliz el cambio en México y la eficacia del gobierno de la 4T. A esto se agrega: ya tiemblan los bandidos y sus organizaciones criminales. Habrá resultados. Me canso ganso.
 
La economía va requetebién. Prueba concreta, fehaciente de ello es la solidez del peso, sí, el mexicano, y la contención inflacionaria.
 
Pemex está de vuelta para convertirse en la palanca del desarrollo nacional. Quien se niegue a verlo es porque es “fifi”, enemigo de la 4T, viuda del PRI o el PAN, o peor aún, corrupto. Les hablan calificadoras o Citi.
 
En materia de servicios de salud pública, México será en un periodo de tres años la Suecia, Dinamarca o Canadá de América Latina. Los mexicanos, todos, disfrutaremos de atención médica y medicamentos gratuitos. El seguro popular, ese adefesio construido en 2004, se va.
 
Si aludimos al empleo. Habrá o hay hasta para los extranjeros que cruzan territorio mexicano.
 
Y las leyes, también allí hay cambios. Baste preguntar a Paco Ignacio Taibo y, más recientemente a Jaime Bonilla. Después de todo, la justicia es primero. ¿O no?
 
Muchos otros cambios se han concretado. Los arriba referidos son sólo un reflejo mínimo de un cambio de régimen para hacer historia.