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Definir el rumbo económico

  • Escrito por Arturo Salcido Beltrán

Al filo de la hoz 
La salida del primer secretario de hacienda plantea claramente la necesidad
del debate económico para el futuro inmediato de México. Ni hace falta decir que el segundo secretario es igual que el primero. Los dos, neoliberales lights obligados de la transición. No son traidores ni enemigos; tienen otras ideas.
 
El mayor problema con el neoliberalismo es que es un modelo económico y político al servicio del imperialismo norteamericano. Para el imperio significa mayor control y utilidades; para las colonias trae atraso, sometimiento y corrupción. Ejemplos claros, el Brasil de Bolsonaro, la Argentina de Macri. El México de Peña Nieto.
 
Encontrar alternativas no es difícil; el problema está en lograr imponerlas. Se han publicado miles de artículos y libros con propuestas de todo tipo, especialmente las que, sin decirlo expresamente, plantean conservar las cosas igual. Por ejemplo, la academia de ciencias de Suecia, entrega premios nobel al gusto de estados unidos y entre otros ha distinguido, año con año, a economistas que proponen modelos para hacer ricos a todos.
Como esos modelos fallan, al año siguiente se premia a otro modelo que diga lo mismo, con alguna variante matemática ingeniosa pero igualmente falsa para efectos sociales. Esos modelos fantasiosos e inútiles se les meten en la cabeza a los estudiantes del tercer mundo, para que vayan y los intenten en sus países.
 
Por ahora, coexisten diferentes modelos sociales, que con todas sus variantes pueden sintetizarse en dos; de una parte los países capitalistas y por la otra los socialistas. Desde luego, existen diferentes tipos de desarrollo capitalista, así como hay diferentes modalidades de socialismo.
 
Del lado capitalista está en primer lugar estados unidos, viejo capitalismo imperial, que a pesar de su tremendo potencial industrial basa su economía en la guerra y en el sometimiento absoluto de sus colonias. Mantiene una sociedad con tremendas desigualdades y le niega a su propio pueblo niveles mínimos de bienestar, sobre todo en educación y en salud.
 
En Europa se ha desarrollado un capitalismo más humano y en lo general, su gran potencial industrial es compartido con altos niveles de bienestar con sus pueblos. Desde luego, hay grandes millonarios y diferencias de muchos tipos de un país a otro, pero educación y salud son envidiables para nuestros pueblos, además de sus altos salarios.
 
Existen por otra parte, modos de producción que se autodenominan comunistas o socialistas o populares, con mayor o menor éxito, pero por ahora, México no tiene nada que ver con esos proyectos.
 
Los gobiernos de la revolución mexicana no tuvieron claridad en ningún proyecto de desarrollo económico por dos razones principales; la primera es que nunca se pusieron de acuerdo. Unos defendían un modelo de nacionalismo revolucionario que quería tomar lo mejor del modelo socialista sin espantar a los gringos y otros defendían abiertamente los intereses norteamericanos. La otra razón, es que, el dominio norteamericano era y es tan grande que obstaculiza cualquier intento de desarrollo.Así que las alternativas para México consistían en hacer lo que se pudiera sin molestar a los gringos, o de plano hacer lo que los gringos dijeran.
 
Durante varios gobiernos emanados de la revolución se llegó a hablar del efecto Penélope, lo que un presidente hacía el siguiente lo desbarataba, y eso sigue hasta la fecha. También se le conoció como la teoría del péndulo; un presidente ligeramente de izquierda y otra cargado a la derecha. Se equilibraban.
 
Pero vistos a la distancia, los gobiernos de la revolución intentaron un suave nacionalismo revolucionario, que tiene su mejor momento hasta Lázaro Cárdenas y a partir de ese momento se fue diluyendo hasta llegar Miguel de la Madrid en donde se inicia el gran viraje hacia el neoliberalismo.
 
Los gobiernos de la revolución rescataron el petróleo y la electricidad y los convirtieron en grandes empresas del Estado, desarrollaron la telefonía, la banca de desarrollo, la salud publica, la educación, comercio popular, grandes presas, carreteras sin cuotas, defendieron (más o menos) a los trabajadores del campo y de la ciudad y mantuvieron estabilidad monetaria y crecimiento económico.
 
Pero luego, los políticos en el poder, escucharon las tesis neoliberales y cedieron a las recomendaciones y presiones de los gobiernos norteamericanos y con una serie de trucos y manipulaciones iniciaron el desmantelamiento de la economía de estado, regalaron las empresas públicas a cuates prestanombres y otras las malbarataron a empresas extranjeras a cambio de comisiones y chambas futuras.
También desmantelaron las instituciones de salud y de educación entre otras, para que las tomara el capital privado de los cuates. De paso, corrompieron tanto los procesos de producción que llevaron el atraso a los campesinos.
 
Endeudaron las empresas públicas y al país, se enriquecieron con devaluaciones y préstamos, se incorporaron como maquiladores de partes al servicio del capital extranjero.
 
Andrés Manuel condena el neoliberalismo, representado para todos los efectos por el economista Milton Friedman, de la llamada escuela de Chicago, al servicio de los intereses del pentágono. Un teórico de la desigualdad, de la injusticia y de la miseria. Su modelo defiende el capitalismo más inhumano, de acumulación salvaje de riqueza en unas cuantas manos y de olvido de las necesidades de la población.
 
La alternativa obligada, según algunos, para un país atrasado económicamente como es el caso de México está en las tesis de otro economista famoso, John Maynard Keynes, que ante una gran crisis del capitalismo propuso aumentar la participación del Estado en la economía, desarrollando grandes obras sociales y de infraestructura.
 
Pero aún esos esquemas están pensados y propuestos para economías desarrolladas, no para las colonias. Son modelos para países que tienen una gran ventaja mundial; ellos imprimen las monedas que son la base del comercio y de las finanzas del mundo.
 
Y a los economistas de los países pobres que estudian en las grandes universidades imperiales les enseñan recetas que podrían ser correctas allá, y en dólares. Al regresar a sus lugares de origen traen grabada una vocecita interior que les dice que para hacer cualquier cosa necesitan dólares.
 
Se cuenta, que al triunfo de la revolución china, con 600 millones de habitantes hundidos en la miseria, el partido comunista elaboró un primer plan económico para producir alimentos, ropa y vivienda. Lejos de haber elaborado un plan le presentaron al presidente Mao una lista de necesidades a atender. La mayor sorpresa se dio cuando Mao, después de escucharlos respondió con gran firmeza:
"muy bien, ¡ háganlo !
 
Pasaron unos minutos en silencio hasta que un dirigente del partido se atrevió a preguntar lo que parecía obvio, ¿ con qué dinero, señor ?
 
El presidente Mao esperaba pacientemente esa pregunta y sin inmutarse agrego: "lo único que no necesitamos es dinero"; "tenemos millones de trabajadores sin empleo, todas las materias primas y millones de kilómetros de tierras de labor. A trabajar".
 
El proceso fue muy largo, difícil, doloroso, con miles de errores, pero en ochenta años han construido la potencia económica, industrial, agrícola y tecnológica que son ahora. Nuestra revolución lleva cien años.
 
México nunca ha iniciado un camino propio, por más que esta frase pueda molestar. Tampoco lo iniciará a corto plazo, pero es elemental que ahora, que resulta ineludible preguntarse hacia donde, tendremos que asumir, al costo que sea, desarrollar agricultura, ganadería, acuacultura y pesca, minería, fortalecer comunicaciones y transportes, infraestructura y un gran programa de vivienda, escuelas y hospitales.
 
Y no necesitamos comprar nada de eso en el extranjero. Si seguimos comprando todo al extranjero, nos quedamos sin dinero, nos endeudamos y posponemos indefinidamente nuestra independencia.
 
Al decir NO al neoliberalismo, tenemos que decir SI a la construcción de una sociedad de productores, con mejores salarios, con seguridad económica, política, social, individual, justa y democrática; libre y soberana.
 
arturo salcido beltrán
•diputado federal por el partido comunista mexicano a la LI legislatura, 1979-1982
•presidente del colegio nacional de economistas, 1989-1991
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