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'Hay que aguantar'

  • Escrito por Roberto Cienfuegos J.

Singladura 
En los corrillos políticos y de analistas se hacen apuestas sobre si Rosario
Robles Berlanga, la encumbrada política rescatada casi del ostracismo por el gobierno de Enrique Peña Nieto para colocarla en el candelero nacional, será algo más que un “chivo expiatorio”, conforme sigue pensando –dijo públicamente- el presidente López Obrador.
Cierren las puertas, se aceptan apuestas. Hasta el momento no hay una decisión clara que haga pensar que la señora Robles Berlanga vaya a terminar con sus huesos en prisión, pero tampoco se descarta.
Después de todo, los antecedentes durante las presidencias previas a ésta que encabeza López Obrador, indican que en general han llevado a más de uno a prisión. ¿Tendríamos que admitir que el hombre de Macuspana es diferente, incluso en esto, como ha reiterado desde el Palacio Nacional? Sabe.
Un repaso indica en general que los políticos nunca olvidan y menos perdonan. De la Madrid Hurtado puso en prisión al extinto ingeniero Díaz Serrano. Fueron otros los motivos comparados con los que enfrenta Robles Berlanga. Díaz Serrano no sólo redujo los precios del petróleo en una polémica decisión que chocaba al presidente López Portillo, sino se perfilaba como un presidenciable sólido. Esto chocó más a De la Madrid Hurtado con los efectos conocidos.
Más tarde, Salinas de Gortari recurrió al expediente carcelario para deshacerse del rebelde Joaquín Hernández Galicia, la célebre Quina. Armas fueron el cebo que tramitó el pase a prisión para cobrar la afrenta del líder petrolero.
Ernesto Zedillo echó el guante a Raúl Salinas de Gortari, el famoso hermano incómodo. Se le acusó de asesinato y enriquecimiento inexplicable. Permaneció preso entre marzo de 1995 y 2005, cuando recuperó su libertad y sus millonarias cuentas bancarias.
Vicente Fox hizo del desafuero del entonces jefe del gobierno capitalino, Andrés Manuel López Obrador, una batalla política, que más bien blindó al hoy presidente.
Felipe Calderón estuvo más que concentrado en su combate al crimen organizado, en una estrategia militarista trágicamente fallida.
Y Peña Nieto sí metió a prisión a la célebre maestra Elba Esther Gordillo Morales, cuya fortuna y poder fueron sobradamente conocidas por los mexicanos. Tras un periodo en prisión, Gordillo Morales está de vuelta por sus fueros.
López Obrador, quien ha dicho repetidamente que la venganza no es su fuerte, amaga ahora con base en acusaciones previas que han colocado bajo el dintel de una hipotética prisión a Robles Berlanga.
Recién la víspera, la Fiscalía General de la República (FGR) imputó a Robles Berlanga el delito de ejercicio indebido del servicio público, por su presunta participación en desvíos de recursos de más de 5 mil millones de pesos cuando encabezó la Secretaría de Desarrollo Social y luego la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu) durante el gobierno federal anterior.
El Ministerio Público Federal acusó a Robles Berlanga de ser omisa sobre 27 contratos que firmaron entre 2014 y 2018 funcionarios a su cargo.
Según la acusación, Robles Berlanga "actuó de manera dolosa, omisa y continua en su carácter de autora directa del delito del ejercicio indebido del servicio público".
Los contratos se suscribieron con universidades, televisoras y radiodifusoras estatales, entre ellas la Universidad Autónoma del Estado de Morelos y el Sistema Quintanarroense de Comunicación Social
Pero en realidad se trata de un delito que no se considera grave, y en el hipotético negado que Robles Berlanga pudiera ser vinculada a proceso lo seguirá en libertad, eventualmente con medidas cautelares.
Si bien aislada o en solitario, Robles Berlanga pudiera estar tranquila y atender el consejo de su ex jefe, Peña Nieto: “Rosario, no te preocupes, hay que aguantar”.
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@RobertoCienfue1