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Lo cotidiano transmuta en misterio en la mirada de Graciela Iturbide

  • Escrito por Redacción El Punto Crítico

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Las fotografías de Iturbide regalan al espectador la oportunidad de conocer la
belleza de la riqueza cultural.
 
La cabeza coronada con un manojo de iguanas, los ojos fijados en un punto desconocido como si evadiera la mirada, y una perspectiva que nos remite a imaginar al conjunto de reptiles como un halo de divinidad. La imagen descrita se trata de “Nuestra Señora de las Iguanas”, también conocida popularmente de manera local como la Medusa juchiteca, un retrato tomado por Graciela Iturbide, quien es considerada una de las fotógrafas más importantes y reconocidas de México.
 
Esta fotografía forma parte de “Juchitán de las mujeres”, una serie capturada entre 1979 y 1988 que recoge imágenes del municipio de Juchitán, Oaxaca. En ella es retratado el pueblo heredero de la cultura zapoteca, sus tradiciones, su gente, sus fiestas y su belleza. Como resultado de estas fotografías se editó un libro homónimo bautizado así por la escritora y periodista Elena Poniatowska.
 
Graciela Iturbide es originaria de la Ciudad de México, su pasión por la fotografía se desarrolló mientras estudiaba en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos de la Universidad Nacional Autónoma de México con el fin de convertirse en directora de cine.
Pronto, su interés por la fotografía la llevó a aventurarse en una serie de viajes durante los años 70 a diferentes puntos de Latinoamérica. Debido a su destacado desempeño, para finales de la década fue nombrada comisionada del Archivo Etnográfico del Instituto Nacional Indigenista de México; su labor se centró en documentar, a través de la fotografía, a los pueblos indígenas.
Durante este proceso destacó su trabajo retratando al pueblo Seri, un grupo de pescadores nómadas que habita el desierto de Sonora. El producto final fue la serie “Los que viven en la arena”, piezas que se sumergen en una comunidad  con una tradición histórica, sistemas de valores y cosmogonías que difieren con lo occidental.
Su obra sobre Oaxaca, que se convertiría en la más aclamada a nivel internacional, resultó de una invitación del artista Francisco Toledo para capturar la cultura zapoteca en el Istmo de Tehuantepec.
En esta serie aparece dos de sus fotos más famosas: Magnolia y Magnolia II, en ellas aparece una muxe, término referido a las personas que al nacer fueron determinadas bajo el género masculino, pero que tienen una identificación con el género femenino.
 
Sus trabajos implican un trato directo y constante con los habitantes de la región y una exploración de cada rincón para brindar imágenes inolvidables e inigualables. Las fotografías de Iturbide elevan a misterio la cotidianidad y regalan al espectador la oportunidad de conocer la belleza de la riqueza cultural, al mismo tiempo que exponen el resultado de una marcada desigualdad social.
 
Otras series importantes de la artista son Rituales de fiesta y muerte; En el nombre del padre; Jardín botánico; Paisajes y objetos, y El baño de Frida.
Actualmente, en el Palacio de Iturbide (Madero 17, Centro Histórico, Ciudad de México) se expone Graciela Iturbide: cuando habla la luz,  una muestra que reúne 270 fotografías que abarcan cinco décadas de trabajo de la fotógrafa. La curaduría corre a cargo de Juan Rafael Coronel Rivera y los visitantes podrán revisar las obras a lo largo de veinte módulos en los que se aprecia el resultado de viajes a Europa, Asia y Latinoamérica.