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El llamado actual: Una educación no sexista e inclusiva

  • Escrito por María Fernanda Díaz
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Forjar una conciencia respecto a la equidad de género debe iniciar desde la
educación a los infantes, con actividades diarias que fomenten las mismas habilidades y alcances entre ellas y ellos. 
El recorrido histórico da cuenta de una larga lucha de la mujer por la igualdad de derechos y deberes en sociedad. En consecuencia, de ello, actualmente las mujeres ocupamos más cargos públicos, más directorios de empresas y estamos más vinculadas en la toma de decisiones importantes, lo cual, años atrás era imposible e incluso, impensado. 
Se ha logrado la toma de conciencia en ciertos ámbitos (leyes que protegen de la discriminación y del abuso), pero no es suficiente, pues todavía hay una desigualdad evidente en los planes de salud, en los sueldos, etc. 
Si bien el movimiento social puede considerarse como excesivo, en varios aspectos, los cambios sociales y culturales deben comenzar por un movimiento que llame la atención de todas las estructuras e inste a la reflexión. 
La escuela es uno de los lugares centrales en donde se debe educar en base a la igualdad de género. Es por eso que se ha planteado la búsqueda de prácticas cotidianas que erradiquen las visiones machistas en cuanto a las diferencias entre niño o niña, y potencie las habilidades de forma equiparada sin sesgos respecto a qué pueden o no hacer. 
En este contexto, es que desafortunadamente existe una preconcepción social de que los hombres son mejores en matemáticas y ciencias que las mujeres, lo que ha traido como consecuencia que un menor número de mujeres decida involucrarse en estas áreas. De hecho, el 7,8 millones de investigadores que el Instituto de Estadísticas de la UNESCO dice que hay en el mundo, solamente el 28 % son mujeres1. 
 
Los profesores, directivos, paradocentes, y todos los que están a cargo de la educación, deben ser los principales impulsores de este cambio de pensamiento, pues desde ellos nace el paradigma con el que crecerán las futuras generaciones. 
Sumado a lo anterior, campañas tan simples como eliminar el lenguaje sexista, o censurar dichos como “correr como niñas”, “lanzar como niñas”, que humillan las capacidades de las mujeres -limitando sus expectativas del futuro, y al mismo tiempo, relevando su condición de mujer como un impedimento para desenvolverse con libertad en la sociedad-, son prácticas fundamentales dentro del aula. 
En definitiva, el salón de clases debe convertirse en un espacio de creación, pensamiento, reflexión y conocimiento, libre de sesgos y con un especial enfoque en potenciar por igual las habilidades de hombres y mujeres. 
 
 
María Fernanda Díaz 
Jefa de desarrollo Pedagógico en Colegium