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Nadal es omnipotente

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*Llora en el suelo tras ganar el último punto de la final

Un año después de quedarse en casa por una lesión de rodilla, Rafael Nadal cumplió su sueño de ganar el torneo que había conquistado en septiembre de 2010. Al igual que aquella final y que la que perdió al año siguiente, esta vez el partido también duró cuatro mangas (6-2, 3-6, 6-4 y 6-1) de una intensidad altísima con un Novak Djokovic que minó la moral del español durante un frenético segundo set.

El triunfo coloca a Nadal a un título de los 14 torneos de Grand Slam que ganó Pete Sampras y a apenas tres de los que ha ganado Roger Federer. Pero sobre todo confirma su resurgir de 2013 y lo coloca en la estela de su mejor año con 10 triunfos, 12 finales y dos títulos de Grand Slam. "Todo mi equipo sabe lo que significa ganar este año este torneo", dijo el español al final del partido. "Jugar contra Novak siempre es especial porque nadie me hace jugar tan bien como él".

El serbio arrancó el partido con un 'ace'. Pero enseguida dio signos de flaqueza y perdió su saque en el tercer juego en la segunda opción de break que Nadal tenía a su favor. Fue un golpe prematuro pero lógico a la luz de la dinámica que ambos tenistas desplegaban sobre la cancha con un Djokovic desorientado y un Nadal pletórico que lo devolvía todo como un frontón.

Al tenista serbio le costó mucho entrar en el partido. En parte por el poderío de la derecha de su adversario y en parte por sus propios errores de colocación. Djokovic resoplaba, renegaba de sus golpes y miraba a su entrenador Marian Vajda, que le movía las manos desde la grada como diciendo "cálmate".

No lo hizo y durante muchos minutos dio la impresión de que Nadal aplicaría el mismo rodillo que se había llevado por delante a Robredo y a Gasquet. Versátil, agresivo y bien plantado sobre la pista, el español aún tuvo tiempo de romperle el saque en blanco antes de acabar el set a su adversario, que cometió 14 errores no forzados por apenas cuatro de Nadal.