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Picotazo Político - 12 de Diciembre 2017

  • Escrito por Diana Ramos Fusther

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El culto a la virgen del Tepeyac es una de las muestras de nuestra cultura, a la guadalupana se le ve como un factor de cohesión, arraigada en amplios sectores de nuestra sociedad pasa de largo ante los cuestionamientos sobre la autenticad de sus apariciones , de hecho, a la iglesia católica le ha costado mucho incrustar la figura del indio juan Diego, la feligresía es guadalupana y no juandiegista, la morenita es la

reivindicación de las deidades femeninas ante la derrota de los dioses masculinos, se conquista a los mexicas bajo la mirada de abandono de Huitzilopochtli, de Tlaloc, de Quetzalcoatl... A los indígenas les queda la madre Tonantízn, de ahí que pronto los hijos de Aztlán corrieran a buscar refugio en el Tepeyac. La orfandad, el desamparo, la caída del imperio moral de los antiguos habitantes, por ello no es raro que a la virgen se le vea como la que abre sus brazos a los desprotegidos, a los que menos tienen, el cura hidalgo no se equivocó y la alzo sabiendo que ella figuraba en los altares de los más pobres y no la virgen de las mercedes que había sido importada desde España. La guerra de independencia también se dio en los altares, por un lado, la de los indios, María Guadalupe, en la otra esquina, mercedes. Pero la historia de la virgen y su indiscutible influencia no ha querido imprimir su principal lección, una en la que el pueblo que la sigue sepa ver que detrás de su fuerza se esconde la invitación para ser una nación mejor, una mucho más preparada, menos ignorante … ¿A que madre le gusta que sus hijos sean infelices y que chapoteen en aguas de conformismo? Y trato de no ser duro, pero es justo señalar que tan parece que en aras de no molestar a la masa dejamos que la virgen perdone todos los excesos, uno se cuestiona ¿Cuántos de esos peregrinos podrían ser mejores si se decidieran a trabajar más, a estudiar más, a entender su historia y el valor de la mexicanidad? Discúlpeme Ud., pero al hablar de peregrinos no hablamos de muestras claras de fe o de deseos de modificar nuestras conductas, basta ver con las toneladas de basura que dejan a su paso, basta asomarse a las arcas de la villa para entender que detrás de la permisibilidad de las autoridades eclesiásticas y civiles encontramos la marea de dinero que deja el permitir muchas cosas. Ojo: cuestionar la fe es un error, pero señalar los hábitos es necesario cuando se intenta dilucidar el por qué en México muchas cosas no avanzan, el por qué arrastramos enromes deficiencias sociales y el por qué seguimos esperando que desde el cielo bajen a solucionar nuestros problemas, una tarea que solo compete a nosotros y nuestra capacidad de pensar... Y aclaro, me considero simpatizante de la virgen, pero no de muchos de sus seguidores que creen que con arrodillarse es suficiente para llevar una doble vida de arrepentidos y verdaderos demonios.