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Picotazo político 5 diciembre, 2018

  • Escrito por Miguel A. López Farías

Picotazo político

El huracán aún se puede considerar categoría uno, ojalá el clima mejore y que los elementos y actores
económicos y políticos no choquen y sirvan para amainar un posible desastre.
Los expertos advierten que la cosa no está fácil, el andamiaje económico comienza a mostrar serias fisuras, ahí tenemos el peso y la bolsa, como termómetros de lo malo del ambiente.
Tal vez para el grueso de la población la marca moodys no les diga algo, pero esta calificadora señala que gracias a la cancelación del nuevo aeropuerto se ha generado un daño en el que la línea de confianza se pierde por parte de los inversionistas internacionales, lo que significa que los dueños de los dólares la piensen dos veces antes de venir a apostar en nuestro territorio.
Carlos Salazar Lomelin, quien abandera la voz del consejo coordinador empresarial dice: El llamado es sencillo para el presidente López Obrador: debe existir una agenda en común con los empresarios” y claro que tiene razón, así como el propio presidente la tiene, es una historia en donde los que participan son poseedores de cierta calidad moral, y por ello es que urge que tanto el gobierno como los empresarios comiencen a tejer un puente en común, en donde quien decida invertir aquí encuentre el suelo firme y no un pantano de dudas que haría caer sus recursos y el gobierno de Andrés Manuel , encontrar el apoyo suficiente por parte de los que generan empleos para que participen de una manera más generosa en el tema de mejoras salariales y el impulso a la elevacion de la competitividad.
Los dos se necesitan, los empresarios requieren un gobierno que no los fusile, ni los etiquete como si todos ellos fuesen parte de esa camada de corruptos que mencionó el mandatario, un gobierno debe ser un facilitador de inversiones, y mejorar las reglas del juego en donde quien invierta su capital encuentre viento a favor y que también sean actores de primerísimo orden en el impulso económico de este país.
A nadie conviene una guerra ni de baja ni de alta intensidad, la piel económica es muy sensible y cualquier morada fiera entre ellos acarrea desde fuga de capitales hasta peligrosas recesiones económicas generadas por el peor de los ambientes en un país: el de la desconfianza y recelo.
Se entiende la necesidad de este gobierno por meter mano en este tema, pero no se logrará mucho si a los empresarios no se les convida y se les convierte en obligados solidarios a entrarle con mayor claridad a un plan maestro de crecimiento económico.