Los pros y contras de una anexión: La idea de que Groenlandia pueda integrarse a Estados Unidos parecía, hasta hace
poco, una ocurrencia geopolítica digna de sobremesa. Sin embargo, el tema ha vuelto al debate internacional con una seriedad inesperada. La isla más grande del mundo —territorio autónomo del Reino de Dinamarca— concentra recursos estratégicos, rutas marítimas emergentes y una posición militar clave en el Ártico. ¿Qué ganaría y qué perdería el mundo —y sobre todo los groenlandeses— con una eventual anexión?
Los argumentos a favor
1. Seguridad y control estratégico: Para Washington, Groenlandia es una pieza central en el tablero geopolítico Desde la Guerra Fría, la base aérea de Thule ha sido fundamental para la defensa antimisiles y la vigilancia del Atlántico Norte. Con el creciente protagonismo de Rusia y China en la región, Estados Unidos ve en la anexión una forma de blindar su frontera polar y evitar que potencias rivales ganen influencia en un territorio escasamente poblado pero militarmente decisivo.
2. Acceso a recursos naturales: Bajo el hielo groenlandés se encuentran reservas de tierras raras, uranio, petróleo y gas. En un mundo obsesionado con la transición energética y la guerra tecnológica, esos minerales son oro puro. Para Estados Unidos significaría reducir la dependencia de proveedores asiáticos y asegurar cadenas de suministro críticas para baterías, autos eléctricos y sistemas de defensa.
3. Inversión y desarrollo: Groenlandia enfrenta enormes retos económicos: infraestructura limitada, alto costo de vida y dependencia de subsidios daneses. Integrarse a la economía estadounidense podría traducirse en carreteras, puertos, hospitales y empleos mejor remunerados. Para muchos habitantes, el pasaporte estadounidense suena a oportunidades que hoy parecen lejanas.
4. Nuevas rutas comerciales: El deshielo está abriendo pasos marítimos que acortan distancias entre Asia, Europa y América. Bajo administración estadounidense, Groenlandia podría convertirse en un hub logístico de primer nivel, con puertos modernos y una industria de servicios ligada al comercio ártico.
Los argumentos en contra
1. Identidad y autodeterminación: Groenlandia no es un terreno vacío: es el hogar del pueblo inuit, con lengua, cultura y tradiciones propias. Una anexión podría diluir esa identidad bajo un modelo político ajeno. Muchos groenlandeses aspiran a la independencia total, no a cambiar de metrópoli. El riesgo de un nuevo colonialismo, ahora estadounidense, es real.
2. Impacto ambiental: El interés por explotar minerales y abrir rutas choca con uno de los ecosistemas más frágiles del planeta. La llegada masiva de industrias, bases y ciudades podría acelerar el deterioro ambiental y afectar modos de vida tradicionales basados en la pesca y la caza sostenible.
3. Tensiones internacionales: La anexión no sería un simple trámite administrativo. Dinamarca, la Unión Europea y la OTAN tendrían que redefinir equilibrios delicados. Rusia y China verían el movimiento como una provocación directa. El Ártico, hasta ahora zona de cooperación científica, podría convertirse en un nuevo foco de confrontación global.
4. Costos para el contribuyente estadounidense:Mantener y desarrollar Groenlandia implicaría miles de millones de dólares en infraestructura, subsidios y servicios públicos. No está claro que la sociedad estadounidense quiera asumir esa factura en tiempos de polarización interna.
Estas consideraciones no toman en cuenta el más importante de los factores, el factor humano, no olvidemos quedetrás de mapas y minerales hay apenas 56 mil habitantes dispersos en un territorio inmenso. Su voz suele quedar ahogada entre los discursos políticos. ¿Quieren ser estadounidenses, daneses o una nación independiente? Cualquier decisión que no parta de un referéndum auténtico sería una imposición del siglo XXI con aroma al XIX.
La anexión de Groenlandia es un dilema entre geopolítica y dignidad, entre recursos y derechos. Para Estados Unidos representa una oportunidad estratégica histórica; para Groenlandia, un salto al desarrollo o la pérdida de su alma. El debate apenas comienza, pero una cosa es clara: el Ártico dejó de ser un desierto de hielo para convertirse en el nuevo corazón del poder mundial.
Alejandra Del Río
@alejandra05 @aledelrio1111
Presidenta de PR Lab México, Catarte y Art Now México, ha escrito columnas sobre política, arte y sociales en muchos de los medios más reconocidos del país, particularmente en el Heraldo de México, El Punto Crítico y en el Digitallpost. Ha participado en numerosos proyectos de radio a lo largo de 20 años, hoy además dirige el podcast Fifty and Fabulous en Spotify.