En días recientes, sobre todo en espacios del mundo del espectáculo, se difundió fotografía del hijo de Luis Miguel.

Su publicación desató opiniones encontradas sobre si se violó una ley o si fue ético o si fue válido.

No es asunto menor ni frívolo, tiene sus riesgos, tanto para el fotografiado como para quien utiliza en medios la foto.

Evidentemente el hijo de Luis Miguel no es personaje público, los artistas son su papá y su mamá.

Cierto, ya es mayor de edad y le tomaron la foto en lugar público, nada más que eso no justifica la difusión.

Se requiere el consentimiento expreso del fotografiado y hasta donde se sabe, no otorgó ese permiso, así que él o sus abogados podrían proceder a demandar a los presuntos infractores.

Lo más probable es que no lo haga porque por desgracia en México la justicia no es pronta ni expedita como señala la Constitución. La demanda solo daría lugar al escándalo y por ende a más difusión.

De cualquier manera, la responsabilidad del difusor no desaparece y podría verse obligado a pagar una buena suma de dinero, hasta millones de pesos, por daño moral, tratándose de quien se trata.

Además, se supone que existe la ética.

Por ética el medio estaría obligado a evaluar si debe o no publicar la foto, si le puede causar o no un daño al fotografiado.

Es un hecho que el hijo de Luis Miguel perdió el anonimato y quizás la tranquilidad que tiene todo desconocido para circular por cualquier parte, sin que nadie lo moleste o le tome nuevas fotos.

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