Los maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación pareciera que tienen un blindaje especial.

Hasta ahora ninguno de los partidos que han llegado al poder ha podido doblarlos.

 Con sus plantones, marchas y paros nacionales hacen lo que quieren sin que ninguna autoridad les moleste.
Así ha sido en los gobiernos del PRI, del PAN y ahora de Morena. A la coordinadora no le importa afectar a terceros, cerrar calles, avenidas principales. No les preocupa que miles de personas tengan que caminar varios kilómetros para llegar a su trabajo o domicilio, cuando el transporte público se ve obligado a suspender actividades. Tampoco la gente que anda en sillas de ruedas o que utiliza por emergencia de salud una ambulancia.
Solo truena el chicharrón de los maestros, todos y todas las demás tienen que tragarse su coraje o enojo, sufrir las consecuencias de las protestas de una organización sindical que le tiene tomada la medida a los gobiernos en turno. Los tiene sin cuidado del color que sean.
Es tal su fuerza que estos maestros que llevaron a cabo un paro de 72 horas, antes de darlo por terminado, advirtieron que van a regresar para los meses de junio y julio del mundial de futbol, con el evidente propósito de intentar alterar el desarrollo de la competencia.
Los maestros están en todo su derecho de exigir que se atiendan sus demandas, como las de que se modifique la ley del ISSSTE y sean escuchados por la misma presidenta de México, nada más que el resto del pueblo también tiene derechos y merecen ser respetados, el derecho al libre tránsito, a usar el transporte público y llegar a tiempo a su trabajo, a su hogar.
Esos maestros que defienden sus derechos con todo vigor, hasta con violencia, con esa misma fortaleza deberían esmerarse en elevar el nivel educativo de millones de niños y jóvenes.
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