El partido Morena presume que se está asegurando de que sus candidatas y candidatos para las elecciones de 2027 tengan antecedentes, cualidades y experiencia
para que cumplan con el máximo mandato de “no mentir, no robar ni traicionar al pueblo”.
Ha contratado a las mejores encuestadoras del país para que consulten a la gente y la gente decida quien debe de ir a la competencia del próximo año. Nadie que peque de deshonesto o deshonesta.
¿Y qué pasa si alguna o alguno hace lo contrario, se porta mal?
Hasta donde se sabe el partido guinda no cuenta con un mecanismo preventivo en ese sentido, que actúe y corrija con oportunidad cuando vea que un compañero o compañera gobernante se aparta o pisa dichos valores, porque no todas ni todos son santos.
De hecho, en ningún partido hay santos ni santas; si así fuera, estarían ocupando un lugar en los altares, en las iglesias. Son políticos y políticas de carne y hueso, con aciertos y desaciertos.
No están exentos de equivocarse o de cometer un abuso, por eso su partido debería de preocuparse por armar un esquema que le permita corregir a tiempo cualquier sospechoso comportamiento.
Al pueblo, al que le deben la mayoría que hoy ostentan, no los va a perdonar si los que ganen las elecciones del próximo año actúan al margen de los principios básicos morenistas.
Su comportamiento será clave para la elección mayor, la de la presidencia de la República en 2030.
Nadie debe olvidar que el poder no es para siempre. Se puede perder cuando se miente, roba o traiciona al pueblo.
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