Las perspectivas de la mayoría republicana en el Congreso de los Estados Unidos, son inciertas y plantean

interrogantes sobre las políticas del presidente Donald Trump. Si en noviembre los demócratas recuperan la mayoría en la Cámara de representantes, se producirán cambios en la política exterior, pero eso no significará el abandono de las presiones trumpistas hacia América Latina.

Las implicaciones de los saltos arancelarios y de la guerra con Irán son directas en el costo de vida y en la voluntad electoral de los norteamericanos. Y si a eso se agrega el efecto de hechos tan significativos como la política migratoria, entonces no es difícil imaginar lo que ocurrirá políticamente. Las consecuencias económicas del conflicto en el Medio Oriente apenas comienzan a notarse, y su magnitud dependerá tanto de la duración del conflicto como de los daños a las refinerías y otras instalaciones petroleras.
¿Los estrategas del gobierno de Trump midieron acaso los alcances del lío en que se estaban metiendo? Cuando hace dos o tres meses hubo bombardeos quirúrgicos a objetivos subterráneos próximos a Teherán, el Presidente aseguró que las investigaciones persas para fabricar bombas atómicas, habían sido neutralizadas. Después justificó la guerra diciendo que Irán seguía siendo una amenaza para la seguridad norteamericana, lo que nos lleva a preguntarnos si la época de los grandes estrategas norteamericanos quedó atrás.
Si los republicanos pierden en noviembre, Trump se verá en apuros para intentar otra guerra o para hacer intervenciones tan espectaculares como la captura de Nicolás Maduro en Caracas y su traslado a Nueva york, porque la Cámara de representantes lo dejará en ascuas. Ante eventualidades de ese tipo tendrá que solicitar la autorización parlamentaria, que con toda seguridad le será negada, y surgirán los juicios políticos.
Es verdad que los presidentes de Argentina y El Salvador y otros en menor medida, han manifestado abiertas simpatías y han obtenido la ayuda económica de Trump, mientras algunos como la presidenta de México han sido flexibles en lo comercial pero estrictos frente a las exigencias que tocan la soberanía. Ah, y por supuesto, el caso de Venezuela es distinto porque de golpe y porrazo pasó de país tutelado por La Habana, a ser administrado en lo político y económico por Washington y, en ese sentido, Delcy Rodríguez –ahora reconocida como jefa de Estado– compite en obsecuencia con María Corina Machado por los favores trumpistas.
Algo que, por cierto, los venezolanos debemos tener claro es que en el instante en que los precios del petróleo se han disparado, el dinero por ese concepto no ingresará a chorros al Banco Central de Venezuela, porque quien maneja la cartera es el gobierno de Mr Trump. Mientras tanto, los hospitales, las escuelas, los maestros y todos los demás seguirán a la espera de los tiempos dorados.
Por lo antes expuesto, la única certeza que pueden tener los países situados al Sur del Río Grande es que los impulsos del presidente Trump se seguirán viendo después de noviembre.
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