Ciudad de México, México, 16 de enero de 2026 ::: Mujeres chinamperas participan en el programa “Doctores del suelo”
para restaurar la productividad de las tierras en Xochimilco. A través de técnicas sostenibles, buscan frenar la degradación del territorio lacustre y preservar el sistema de cultivo ancestral de las hortalizas y el maíz.
“Es una gran responsabilidad y alegría. Quiero compartir el conocimiento que adquirí con más gente, que sepan de la importancia de conservar y proteger este recurso”, expresó Lulú Fuentes.
“Al empezar esta formación, en mi terreno no crecía nada. Ahora da de todo. Aprendí cosas muy prácticas, sencillas y económicas para efectuar su análisis, revisar su fertilidad y cuidarlo mejor”, narró Macri Dehesa, envuelta en el olor a lavanda, menta y romero que desprende su parcela.
Mediante el Programa Universitario de Estudios Interdisciplinarios del Suelo (PUEIS) de la UNAM, que desde 2021 es el promotor nacional de la iniciativa Alianza Mundial por el Suelo (AMS) de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), conocida como Programa Global de Doctores de los Suelos (PDS), ellas y 681 personas más se han certificado en 16 estados del país.
“Se capacita al productor o agricultor para que diagnostique la salud de su tierra e instrumente prácticas de manejo sostenible. La meta es replicar el taller con más gente de su comunidad”, dijo Mario Cayetano Salazar, colaborador del PUEIS y técnico académico del Instituto de Geografía.
::: ¿Qué es el PDS?
Lulú es originaria de la alcaldía Álvaro Obregón, pero hace tres lustros comenzó a dedicarse a las labores del campo junto con su esposo, quien proviene de una familia de productores.
En tanto, Macri, que pronto cumplirá 71 años, heredó el terreno de su padre y hace menos de dos décadas empezó a trabajarlo. Ella comentó que la zona chinampera está en decadencia por falta de relevo generacional. “Cuando empecé a labrar mi parcela era completamente infértil; ahora cae una semilla y solita brota la planta, hasta me da risa”.
Ambas se enteraron del PDS a través de una convocatoria lanzada por el PUEIS en 2022. La capacitación se divide en módulos. En el básico se exponen conceptos y acciones de manejo sostenible.
Por ser teórica-práctica, las y los participantes analizan carteles educativos elaborados por la FAO y aprenden a diagnosticar la salud del suelo mediante la descripción de un perfil. Para ello, excavan un pozo de un metro por lado para conocer la tierra a nivel superficial y a profundidad, identificar horizontes (capas horizontales) y determinar propiedades físicas, químicas y biológicas como estructura, densidad aparente, porosidad, textura, color, estabilidad de agregados, infiltración de agua, pH, presencia de sales, contenido de materia orgánica y observación de raíces y organismos.
“Es como un expediente clínico. Llenamos una hoja de evaluación y luego ponderamos si hay limitaciones que afecten la productividad. En las diferentes localidades hallamos problemáticas específicas (en Xochimilco es la salinidad)”, indicó Mario Cayetano. Ya con esos datos, se proporcionan módulos particulares para atender las necesidades de cada sitio. Por requerir materiales caseros o de bajo costo, integrarse al programa es sencillo. Al certificarse, se facilitan carteles impresos a las y los participantes y una mochila con un manual de campo, libreta, vaso recolector, cinta métrica, lupa, tiras reactivas de pH y una piseta, entre otras herramientas.
::: Malas acciones en la agricultura
Nuestro país es edafodiverso debido a las diferentes fisiografías, climas y geologías del territorio. Según el INEGI, contamos con 28 de los 32 grupos de la Base Referencial Mundial del Recurso Suelo. Sin embargo, del año 2000 al 2019 se ha acumulado una degradación del 72 %, con una tasa anual de 3.8, de acuerdo con el “Informe nacional 2024 de acciones contra la desertificación, degradación de tierras y sequías de México”, de la Comisión Nacional de las Zonas Áridas.
“Una de las principales causas de esta situación es el manejo insostenible, sobre todo en la actividad agrícola, con malas prácticas como el uso excesivo de fertilizantes químicos, maquinaria o el riego con agua de mala calidad. Algunas problemáticas identificadas en el país son la salinidad, erosión o pérdida de materia orgánica”, apuntó el académico.
Para enfrentar esto, ofrecen opciones de manejo sostenible como mantener tapado el suelo con mulch (residuos de cosecha y cubierta vegetal); de esta manera se evita la evaporación de agua.
Lo anterior, junto con la elaboración de terrazas y surcos en dirección perpendicular a inclinaciones, ayuda a controlar la erosión, que ocurre mayormente en laderas o zonas con pendientes. En sitios donde la tierra tiene poco carbono, proponen adicionar materia orgánica para promover la formación de agregados que, a su vez, generen poros donde se almacene aire y agua, y funcionen como hábitat para diversos organismos.
::: Evaluar y sanar
Lourdes Fuentes recorre su chinampa. Frente al cultivo de zanahorias –que con sus hojas verdes cubren una superficie que contrasta con el fondo amarillo pálido tan típico de la cosecha de maíz–, se pone en cuclillas, y con una pala recoge tierra y la vierte en un frasco. Regresa a una mesa donde realizará una prueba de textura, propiedad que influye, entre otras cosas, en el drenaje, retención de humedad, aireación y fertilidad.
Toma una porción de la muestra en una mano y con la otra la humedece, ayudándose de una piseta. Después, la amasa y la frota en sus manos hasta formar un rollito de varios centímetros, señal de que es arcillosa. De haber quedado corto o haberse roto, ello indicaría que es arenosa.
Cuando la textura es muy fina (arcillas), el drenaje interno se vuelve lento y provoca humedad excesiva y baja aireación de raíces. Si es demasiado gruesa (arenas) produce un drenaje excesivo y baja capacidad de retención de agua y nutrientes. Y si es limosa (limos) puede dar pie a estructuras masivas o laminadas susceptibles a la compactación. Lo ideal es la presencia de las tres en proporciones equilibradas.
Por su parte, Macri atraviesa su sembradío de jitomate, lechuga y chile. De dos lugares distintos toma tierra y la coloca en diferentes vasos recolectores hasta obtener un centímetro de altura. Se acerca a una superficie en la que extendió una lona de plástico. A uno de los vasos le vierte una cantidad de agua equivalente a dos centímetros. Lo tapa y agita durante un minuto.
A continuación, lo deja reposar un cuarto de hora y, transcurrido el tiempo necesario, introduce una tira indicadora de pH. Al sacarla, adquiere una coloración con tonos fríos y la compara con la tabla de referencia de su empaque. El valor es de ocho: hay alcalinidad. Dicha información le permite identificar qué cultivos y microorganismos se pueden desarrollar en ese espacio. Un pH neutro (de entre 6.5 y 7.5) facilita la siembra de diversos productos, pero cuando hay demasiada acidez (debajo del cinco) o es muy alcalino (arriba de ocho), disminuye la variedad que puede trabajarse.
Macrina toma un poco de la muestra del segundo vaso, la incorpora en el compartimiento de un godete y, al agregarle 10 gotas de agua oxigenada, efervesce levemente, señal de que la materia orgánica es baja. Con tierra de un área diferente la reacción es mayor, se abulta y derrama, lo cual indica que ahí hay mayor contenido de residuos orgánicos vegetales y animales, que es fuente y reserva de nutrientes para las plantas, sirve en la regulación del pH, mejora la estructura, disminuye el riesgo de erosión y es el almacén de carbono orgánico terrestre más importante del planeta.
Las pruebas antes mencionadas son ejemplos de muchas más que ambas chinamperas llevan a cabo cada cierto tiempo, a fin de detectar problemáticas y poner en marcha prácticas que las resuelvan.
“Esta zona tiene muchas sales por los canales. Mi terreno es bajo y eso le afecta, pero cubriéndolo con residuos de la cosecha he logrado eliminarlas. Poner atención en el riego también es fundamental”, expuso.
También Lulú agregó que, en ocasiones, la salinidad se aprecia como una capa blanca sobre la cama de tierra, y para disminuirla incorporan cáscara de naranja si no hay cultivo. De lo contrario, usan vinagre.
Además han adoptado acciones como enterrar desechos de siembra que sirvan como abono; elaborar su propia composta y biofertilizantes para no utilizar agroquímicos; cultivar plantas que aporten nutrientes (como el frijol, que añade nitrógeno); agregar microorganismos de montaña; reemplazar el tractor por el azadón, o fabricar biofiltros para mejorar la calidad del agua.
“Ya no hacemos las cosas porque así nos decía el abuelito. El cambio climático es real y los problemas que enfrentamos son distintos a los que tenían las generaciones pasadas”, declaró Lourdes.
Las consecuencias de la degradación son muchas: repercute en la actividad agrícola (pues el rendimiento de los cultivos merma con la pérdida de fertilidad y estructura); afecta la recarga de los acuíferos por la disminución de infiltración de agua; genera más emisiones de CO2 a la atmósfera por ausencia de materia orgánica en el suelo (lo cual influye en el cambio climático), y acaba con la biodiversidad de organismos que participan en los ciclos de nutrientes para las plantas, detalló el colaborador del PUEIS.
Asimismo, sostuvo que cuando el suelo no está sano, se refleja en sus productos. “No se desarrolla bien el fruto. Por ejemplo, el bulbo del betabel no sale o lo hace deforme. Cuando la tierra se nutre, se ve mucha diferencia, hay buen crecimiento”.
El PDS consta de tres figuras principales: las y los masters trainers (instruidos directamente por la FAO), quienes preparan a las y los formadores, y ellos a su vez capacitan a las y los doctores. Los últimos obtienen certificados por cada módulo tomado. Para ello deben cumplir con dos requisitos: asistir a todas las sesiones teóricas y prácticas, y comprobar que han impartido el curso a más gente.
Ambas chinamperas buscan que sus saberes lleguen a toda la comunidad. “Creamos una red y damos herramientas a nuestros compañeros. Me genera mucha ilusión dar a conocer la relevancia de este recurso y fomentar la conservación de la tradición de la agricultura”, subrayó Lulú.
Dehesa, quien pertenece a la primera generación del PDS, forma parte de la agrupación Sanadores del Suelo (con cinco personas más), que brinda talleres en conjunto. “Muchos adultos mayores no confían. Ha sido un reto que nos crean. Para motivarlos me pongo de ejemplo y les decimos: 'Podemos hacerlo. Somos vecinos, apoyémonos’”.
El PDS se ha expandido rápidamente por el país. Hasta noviembre de 2025 había 172 personas formadoras y 681 doctoras y doctores en 28 estados. En las cuatro entidades restantes están en proceso de certificación 57 y 142, respectivamente.
“Atender la degradación es urgente y por ello este proyecto (del cual el PUEIS es promotor nacional) resulta crucial. Cabe destacar que además de estar presente en muchas zonas del país, cuenta con laboratorios y personal académico dedicados a la investigación de estos temas, y tiene incidencia social para alentar políticas públicas de estudio y reversión de daños”, aseveró Mario Cayetano, formador desde 2021 y master trainer a partir de 2024.