Linköping, Suecia ::: 27 de abril de 2026 ::: España ::: Un estudio científico demostró que dedicar tiempo diario

a jugar con mascotas mejora la conexión afectiva más que los entrenamientos convencionales. La interacción lúdica resulta vital para el bienestar psicológico y la estabilidad conductual de los canes.

 La relación emocional no se ve afectada cuando se trata de entrenamiento y no de un juego interactivo
Según los autores, la función del juego no es un aspecto contemplado habitualmente en las investigaciones, especialmente en perros que siguen jugando incluso en la edad adulta. 
“Hoy en día, muchos perros cambian de hogar a mitad de su vida. Con los perros rescatados, no se tiene la ventaja de crecer con ellos. Esto significa que se pierde la llamada ventana de socialización temprana, que es importante para la construcción de la relación. Y entonces el juego puede ser una muy buena manera de construir una nueva y buena relación incluso con perros adultos”, explica a SINC Lina Roth, investigadora de la universidad sueca y una de las autoras del trabajo.


::: El vínculo emocional aumenta con el juego
Para determinar si existe alguna relación, a los dueños de perros se les pidió que respondieran un cuestionario exhaustivo sobre cuál es la relación con sus mascotas. Por ejemplo, preguntaron con qué frecuencia llevan a su perro cuando visita a otras personas o si siente que tener una mascota les causan más problemas de los que vale la pena.
Después, las parejas, compuestas por el dueño y su perro, se dividieron en tres grupos: uno que tenía que jugar más de lo habitual, otro que tenía que entrenar más de lo habitual con recompensas en forma de golosinas, y un grupo de control que continuaría como antes. Posteriormente, los dueños tuvieron que responder de nuevo al mismo cuestionario. “Resultó que el grupo de juego mejoró su vínculo emocional con el perro en tan solo cuatro semanas con unos minutos extra de juego al día”, destaca Roth.
Los resultados mostraron una relación causal estadísticamente significativa: el vínculo emocional con el perro mejora cuando el tiempo de juego aumenta. Sin embargo, los otros dos grupos no mostraron ninguna mejora con respecto a la situación inicial. Las parejas que participaron en el entrenamiento tampoco experimentaron ninguna mejora. Roth explica que esto podría deberse al hecho de que “el juego interactivo es una actividad mutuamente placentera, mientras que el entrenamiento basado en recompensas suele ser estructurado y orientado a tareas”. 
Elegir el juego como punto focal del estudio no es una casualidad: “[El juego] implica una interacción directa entre el perro y el dueño. Requiere atención mutua y compromiso emocional, elementos centrales para la construcción de una relación. El juego con objetos puede realizarse con muy poco intercambio social, por lo que estudios futuros deberán investigar si este tiene efectos similares”.

::: Los humanos en el centro
En el centro del estudio están los dueños y cómo ellos experimentan la relación. No se profundiza en las experiencias de los perros. Sin embargo, los dueños del grupo de juego informaron que sus perros parecían tener una visión más positiva de ellos y que los propios perros tomaban más iniciativa para jugar. Estudios previos también han demostrado que los perros se sienten mejor cuando juegan y pasan tiempo con sus dueños. 
A los distintos grupos se les dieron instrucciones claras sobre cómo jugar y entrenar. De esta forma, los investigadores pudieron asegurarse de que los dueños jugaran realmente con sus perros
Según Roth, lo más importante es encontrar un juego que le guste al perro y que haga que el tiempo de juego juntos sea agradable: “Las interacciones de juego intensas y comprometidas pueden servir como un impulso eficaz para construir y fortalecer la relación, incluso cuando el nuevo dueño se ha perdido el periodo crítico de socialización durante la etapa de cachorro.”
La experta destaca que no basta con “lanzar una pelota”. “Como buscábamos la interacción social entre el perro y el humano, los juegos que propusimos en el estudio fueron, por ejemplo, tirar de la cuerda, jugar a las luchas, perseguirse, el escondite, el cucú o simplemente jugar un poco con el perro con los dedos. No hace falta dedicarle mucho tiempo; lo importante es prestar atención al comportamiento del perro. Unos minutos de vez en cuando parecen marcar una gran diferencia”, concluye la Roth.