Ciudad de México, México ::: 18 de mayo de 2026 ::: La agrupación coral presentó "La geometría del lamento",
un recital que recorre las formas artísticas de expresar la pérdida y la ausencia. El repertorio utiliza la figura mítica de Orfeo para guiar a los espectadores por una reflexión musical sobre la lejanía y el paso del tiempo.
La actividad, que se llevará a cabo el 17 de mayo a las 17 horas, en la Sala Carlos Chávez del Centro Cultural Universitario (CCU), se enmarca en la décima edición de El Aleph. Festival de Arte y Ciencia, que este año está dedicado al concepto de nuevas narrativas.
Desde el laudista y compositor isabelino John Dowland hasta innovadores contemporáneos como Hans Werner Henze o Pierre Boulez, el programa se articula en torno al concepto del lamento. A partir de la investigación realizada por Marco Ugalde, fundador y director del coro, el recital se plantea como una inmersión en las representaciones musicales del duelo y la aflicción, guiada, además, por la figura mitológica de Orfeo.
El Coro Staccato es uno de los ensambles vocales más versátiles de la UNAM y centra su repertorio en los siglos XX y XXI. Su presencia en El Aleph no es nueva: ha participado en múltiples ediciones del festival con propuestas que expanden los límites del concierto coral convencional.
Ha integrado danza contemporánea y música clásica a sus interpretaciones, como el Réquiem de Mozart, y se ha aventurado en la experimentación con inteligencia artificial y formatos híbridos. También ha formado parte de proyectos que vinculan la música con problemas urgentes de nuestro tiempo, como la crisis ambiental.
Para esta nueva entrega, el coro retoma su vocación experimental con el fin de explorar las formas en que la voz colectiva puede construir la complejidad de las emociones humanas. El concierto rinde homenaje a efemérides trascendentales: los 400 años de la muerte de John Dowland, el centenario del nacimiento de Hans Werner Henze o los 10 años de la muerte de Boulez.
La idea de articular el programa en torno al lamento surgió a partir de una propuesta de los organizadores del Festival, quienes buscaban tender un puente narrativo entre Dowland y Henze. Ugalde emprendió una investigación y encontró el hilo conductor en la figura de Orfeo.
“Lo que encontré fue una obra de Hans Werner Henze que se llama Orpheus behind the wire (Orfeo detrás del alambrado)”, explicó el director. En ella, Henze musicaliza un poemas del inglés Edward Bond, donde Orfeo y Eurídice funcionan no como emblema del amor perdido sino como metáfora de injusticias, desapariciones y dictaduras latinoamericanas del siglo XX. El mito clásico queda así transfigurado en un testimonio político contundente.
Desde esa pieza medular, Ugalde fue trazando los radios de un programa que recorre el lamento en sus múltiples manifestaciones. De John Dowland, cuya música es sumamente melódica, el coro ejecutará obras que abordan la tristeza por el amor no correspondido y la soledad.
En el otro extremo, el programa incluye a Luigi Nono con ¿Dónde estás, hermano?, una pieza que pregunta por las desapariciones en la Argentina de los años 70 con una economía de recursos: sílabas aisladas, frases entrecortadas y silencios convertidos en acusación.
A ellos se suman el finlandés Einojuhani Rautavaara, quien en Fünf Sonette an Orpheus (Cinco sonetos a Orfeo) musicaliza poemas de Rainer Maria Rilke con un caracter introspectivo muy distinto al dramatismo político de Henze o Nono; y el islandés Jóhann Jóhannsson, fallecido en 2018 a los 48 años, cuyo Orphic Hymn (Himno órfico) es una meditación minimalista de apenas cuatro minutos en la que las armonías sostenidas sustituyen a la melodía.
“Después de mucho buscar encontré un manuscrito que vamos a interpretar”, dijo Ugalde al referirse a la pieza más insólita del programa: un fragmento de Oubli signal lapidé, de Pierre Boulez. La obra fue escrita en los años 50 y el propio compositor la retiró de su catálogo; nunca fue editada y, según la investigación de Ugalde, sólo se ejecutó una vez. El título se traduce aproximadamente como Señal olvidada apedreada, y en él resuena otro tipo de lamento: el del olvido deliberado, el de la memoria destruida.
“El lamento para los artistas es una fuente de inspiración, un motivo para crear, es lo que desata la necesidad de escribir, de cantar”, reflexionó Ugalde.
La ejecución de este repertorio no está exenta de dificultades. Cantar música contemporánea a cappella es, según Ugalde, doblemente exigente que hacerlo con instrumentos, pues el cantante no dispone de teclas ni cuerdas que lo orienten ante la nota disonante: él mismo es el instrumento.