Ciudad de México, México ::: 21 de agosto de 2026 ::: En la vida de un recinto cultural histórico, no todo puede ser la maravillosa

costumbre de ofrecer cultura y arte, también es necesario pensar en las renovaciones que lo adaptan a su presente, para que pueda servir al futuro. Tal es el caso de Casa del Lago UNAM, inaugurada en 1959, y a la que en tiempos recientes se le han sumado iniciativas que habrán de dejarla como nueva.

Bautizado como “Casa del Lago UNAM: vanguardia y sustentabilidad en el corazón de Chapultepec”, el proyecto fortalece la infraestructura cultural del recinto, mejora la experiencia de los públicos y consolida un modelo que combina innovación, cuidado ambiental y conservación patrimonial: la primera apuesta de este tipo entre los espacios culturales de la Universidad.
Desde hace dos años, con el respaldo de la Tesorería, la Dirección General del Patrimonio Universitario y la Dirección General de Obras y Conservación de la UNAM, el recinto ha sido intervenido en pisos, ventanales y balaustradas. Ahora, gracias al fondo de Proyectos Prioritarios de la UNAM, se suma un capítulo enfocado en la sustentabilidad.
“Me parece que es parte de un proceso de cuidado patrimonial en un recinto que, históricamente, dialoga con un entorno natural”, explicó Cinthya García Leyva, directora de Casa del Lago UNAM. La idea maduró con “Tratando las aguas”, un ciclo de un año sobre el futuro del agua que, sumado al microclima de lluvias del bosque, se tradujo en infraestructura.
El resultado más tangible es un sistema de captación pluvial que recolecta el agua caída sobre casi 200 metros cuadrados de azoteas: hasta 60 mil litros en temporada de lluvias, destinados a los módulos sanitarios administrativos, con lo que se reduce sensiblemente el gasto de agua potable.
A la par, avanza la instalación de paneles solares e iluminación de alta eficiencia, que recortaría hasta 60 % el consumo eléctrico. Ya se sustituyeron las luminarias interiores y se iluminó el camino hacia Reforma, para que el público salga con mayor seguridad tras los conciertos nocturnos.
“Hay que pensar hoy en la gestión en términos de responsabilidad institucional: es también el cuidado de la infraestructura y es saber cuál es la agenda contemporánea a nivel global”, sostuvo García Leyva, para quien la crisis hídrica global obliga a que un recinto como Casa del Lago reduzca su propio consumo y aumente el reúso del agua.
La renovación alcanza también a la Sala Lumière, espacio histórico de 1961, que estrena butacas, proyector de última generación y audio envolvente en 7.1. Su reapertura, prevista para el 29 de agosto, refuerza el vínculo que Casa del Lago mantiene con la mayoría de los festivales de cine del país. La sala recibirá, del 26 al 27 de septiembre, la edición 25 del Festival de Cine Alemán, en colaboración con Filmoteca UNAM, así como un ciclo de cine palestino.
“Hemos estado trabajando con la editora palestina Watermelon Pictures, que muestra películas de altísimo nivel a escala global”, relató García Leyva. El intercambio, lejos de ser monetario, consiste en que Casa del Lago subtitule al español un catálogo inédito en el idioma, a cambio de exhibirlo gratuitamente, un gesto ligado al compromiso del recinto con temas de territorio y migración.
El Espacio Sonoro, con 15 años como plataforma pionera del arte sonoro en México, incorpora un sistema de audio multicanal 8.1. En ese sistema se estrenó, el 15 de agosto, Tierra Suave, pieza que Leslie García compuso a partir de testimonios de madres buscadoras y que García Leyva describió como un homenaje que exige escucharse con extremo respeto.
“Te puedes encontrar con fotografías de Vicente Rojo, el paso de los infrarrealistas, las primeras exposiciones de feminismos que hizo Pinto mi Raya o programas de música que curaba Alicia Urreta”, enumeró García Leyva sobre el acervo del nuevo Centro de Documentación, instalado en una sala de la histórica casa. Con este nuevo Centro, el valioso archivo de documentos e imágenes estará a disposición de investigadores y de personas interesadas en la historia y los procesos de la Casa, y podrá ser la semilla de muchos otros productos culturales.
Rodeada por lo que García Leyva describió como una auténtica isla de museos –el Tamayo, el de Arte Moderno, el Nacional de Antropología, el Nacional de Historia, el Conjunto Cultural Los Pinos o el Centro de Cultura Digital–, Casa del Lago aprovecha la renovación para consolidar una vocación experimental de siete décadas. Como el bosque que la rodea, vuelve a dejarse moldear por el agua: esta vez, para sostenerse muchas décadas más.