Ciudad de México, México ::: 12 de octubre de 2026 ::: La visita comienza frente a uno de los espacios que alberga la parte más antigua de la colección.

Gilda Ortiz Calderón, académica del Herbario Nacional de México (MEXU, por su acrónimo oficial en el Index Herbarorium), entidad bajo encargo del Instituto de Biología (IB) de la UNAM, abre un mueble y, con cuidado, saca una carpeta. Dentro hay plantas recolectadas hace dos siglos y medio, cuando lo que hoy es nuestro país todavía se conocía como Nueva España.

“Estos son algunos de los primeros ejemplares y datan de entre 1777 y 1778”, explicó mientras mostraba los materiales. En las hojas del archivador se ven organismos vegetales secos con las etiquetas que los han acompañado durante más de 200 años. Algunos están ahí tras haber sido recogidos en alguna expedición botánica de finales del siglo XVIII, y después de haber pasado por varias instituciones hasta llegar al MEXU.
Pero estas especies históricas (las más antiguas de la República mexicana) son apenas el comienzo del recorrido. Al avanzar, las carpetas se multiplican. Hoy, la colección supera los 1.6 millones de ejemplares, tanto de la nación como de otras partes del mundo, lo que la hace la colección más grande de su tipo en América Latina. “Juntos, forman un gran registro de la diversidad vegetal que permite comparar plantas recolectadas en distintas regiones y épocas”, destacó Marcelo Pace, jefe del Herbario.
“Este recinto es una de las joyas de la UNAM. Detrás del acervo está el trabajo de generaciones de botánicos que han recorrido el territorio a pie, en vehículos o incluso en botes. Las plantas que recolectan son prensadas, deshidratadas, montadas y acompañadas de información para que sigan estudiándose décadas o siglos después”, afirmó.
A las expediciones se suman los intercambios con instituciones de México y otros países: el Herbario Nacional envía duplicados de especies recolectadas por su personal académico y recibe, a cambio, las de otras regiones de México y el mundo. Así han llegado materiales de lugares tan distantes como Indonesia, las islas Seychelles o Francia.

::: Ejemplares nacionales e internacionales

Marcelo Pace, botánico experto en evolución de la diversidad anatómica en plantas, explicó la lógica de la colección.
“Los ejemplares están organizados para que especialistas puedan localizarlos y compararlos con organismos que viven a cientos o miles de kilómetros. Hay materiales de todo México y otras naciones, resultado de expediciones internacionales de nuestros académicos o intercambios que mantiene el MEXU con otras colecciones del planeta. Este lugar reúne, bajo un mismo techo, plantas que en la naturaleza jamás estarían juntas, y cada una llegó con su propia historia”.
En el recorrido, éstas aparecen montadas sobre hojas especiales. A un costado está su etiqueta, en la que se detalla el valor científico del ejemplar. La información permite saber quién la recolectó, dónde y cuándo y, en algunos casos, detalles que desaparecieron durante el secado, como el color de la flor o si tenía frutos.
Por eso, abrir una carpeta también es una forma de mirar cómo era un lugar en el pasado. “Todo lo registrado aquí es una ventana al tiempo”, señala Pace. Con estos registros, continuó, se puede saber qué plantas había en Ciudad de México hace uno o dos siglos, ver si hubo cambios genéticos en ejemplares de maíz recolectados en distintas décadas o revisar si las fechas de floración de determinadas especies han cambiado con los años. Lo que alguna vez fue una planta recolectada en una expedición, hoy es el registro de un lugar y momento específicos.

::: En espera de que alguien las descubra

No todas las carpetas del MEXU tienen una historia terminada. Hay ejemplares recolectados hace décadas en espera de ser identificados. Reconocerlos requiere años de preparación y, ante la enorme diversidad vegetal, los biólogos suelen concentrarse en determinados grupos.
En su gestión, Marcelo Pace ha impulsado encuentros con estudiantes, profesores y especialistas para avanzar con el material pendiente, y algunas revisiones han dado resultados inesperados.
“El año pasado conseguimos recursos para traer a dos botánicos y cada uno descubrió una nueva especie que llevaba décadas en la colección. Al año se describen más de 11 mil nuevas especies en el mundo; al mismo tiempo, muchas enfrentan la transformación de los sitios donde viven por la deforestación y los cambios en el uso de la tierra”.

::: Trabajo de campo

La cantidad de flora concentrada en el Herbario se debe al trabajo de especialistas en botánica que van a sus labores de campo con una gran cantidad de periódico, ya que cada hoja de los diarios resguarda una especie recolectada que después se prensa y etiqueta con descripciones que, en ocasiones, detallan más que las características de la planta.
“Ponemos quién nos acompañó. Yo tengo registros con mi sobrino o mis papás porque a veces estamos de vacaciones, observo una especie que no tenemos y me detengo a colectarla. Para mí es un disfrute”, narró Marcelo Pace.

::: Una planta única en el mundo

Entre las historias que destacan en esta colección está la de la planta que hoy es símbolo del Herbario, la Lacandonia schismatica. El nombre refiere al lugar donde fue descubierta, la selva lacandona, hace décadas por el botánico con más colectas de México, Esteban Martínez Salas.
“Es única y fue un parteaguas para la botánica mundial. Nadie sabía que existía, por lo que fue nombrada como una nueva familia para México. Es saprófita, es decir, crece en materia orgánica. Lo sorprendente de ella es que la morfología de sus flores es inversa a la de las demás”.
Las flores típicamente tienen en el exterior los sépalos, seguidos de los pétalos y después los estambres (parte masculina) rodeando a los carpelos (parte femenina), que se ubican en el centro y que originan el fruto. “Pero la Lacandonia schismatica es la única que lo hace al contrario; su parte femenina rodea a la masculina, algo nunca visto en las más de 300 mil especies descritas en la actualidad. Es nuestra mayor joya y orgullo”.

::: De carpetas al formato digital

La visita continúa en otra de las áreas de trabajo, donde los ejemplares ya no sólo se guardan, sino se digitalizan.
El MEXU está en proceso de actualizar su clasificación. Los sistemas utilizados durante décadas se basaban en el conocimiento disponible en su momento; hoy, el estudio del ADN permite reconstruir con mayor precisión el parentesco entre distintos grupos. “Podemos usar todo el genoma de las plantas para ver cómo se relacionan entre sí, sus ancestros comunes, cómo se diversificaron. Ello obliga a reorganizar y mover ejemplares, y permite leer de otra manera esta gran colección”.
Cada imagen que alberga el Herbario permite acercarse a detalles muy pequeños de la planta, mientras que la información de las etiquetas se incorpora paulatinamente a una base de datos. El objetivo es que un investigador no necesariamente tenga que estar en CU para consultar un ejemplar aquí depositado. “Queremos que estos datos estén disponibles para todo el mundo. La digitalización facilita las consultas y permite que especialistas de otros países revisen materiales e incluso aporten información para corregir o actualizar una identificación”, mencionó Pace.

::: Ligada a la historia de la UNAM

María del Rosario García Peña, académica del MEXU, expresó que los antecedentes de esta colección están en las expediciones realizadas en Nueva España para conocer las plantas, animales y minerales del territorio. “Los botánicos que participaban tenían vínculos con el Real Jardín Botánico de Madrid y trabajaban acompañados de ilustradores. Como no existía la fotografía, las acuarelas permitían registrar colores, formas y detalles de las plantas”.
Durante el siglo XIX, las colecciones botánicas pasaron por distintas instituciones dedicadas al conocimiento del territorio y sus recursos naturales. Entre ellas estuvieron el Museo Nacional, la Comisión Geográfico-Exploradora y, posteriormente, el Instituto Médico Nacional. Aunque las instituciones cambiaron de nombre, de sede y de organización, los ejemplares siguieron acumulándose.
A inicios del siglo XX, parte de las colecciones quedó bajo resguardo de la Dirección de Estudios Biológicos en Chapultepec. La historia dio otro giro en 1929, cuando se obtuvo la autonomía universitaria y se creó el Instituto de Biología. “Estamos ligados a la autonomía”, señaló García.
A decir de Gilda Ortiz, la conservación de esos ejemplares por parte del MEXU permite ver, físicamente, ese cambio, pues son plantas recolectadas en la época en la que las colecciones todavía permanecían en la Casa del Lago de Chapultepec y comenzaron a quedar relacionadas con el IB. “Las colecciones estuvieron vinculadas con espacios como la Comisión Geográfico Exploradora, el Instituto Médico Nacional y, posteriormente, la Dirección de Estudios Biológicos”.
En 1958, las colecciones fueron trasladadas a Ciudad Universitaria. El guion de la pieza registra que entonces llegaron con alrededor de 22 mil ejemplares. Con el pasar del tiempo, las expediciones, el trabajo de investigadores y estudiantes y los intercambios con otras instituciones hicieron crecer el acervo hasta superar el millón y medio de plantas.
Es así como el MEXU conserva más de dos siglos de colectas botánicas, desde ejemplares reunidos cuando México era Nueva España hasta plantas que llegan hoy de expediciones e intercambios científicos.
“Este registro vegetal nos permite estudiar el pasado para entender lo que ocurre en la actualidad, pues si no conocemos lo que había, ¿cómo lo vamos a conservar?”, concluyó María del Rosario.