Frente a una sinagoga en Masaryk, Polanco, una manifestación terminó exigiendo que los judíos se vayan de México.

Y no es la primera vez, un grupúsculo de inconformes intentaron ya correr a todos los judíos de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, quizá los mismos que impulsan un apoyo comunista a Palestina o la solicitud de monedas para dar la bienvenida a representantes de EZLN para finales de año.

La comunidad judía en México se pregunta: “¿a dónde a irnos? Somos mexicanos. Mexicanos de religión judía. Este es nuestro país”.

Por donde se vea, este radicalismo promovido desde el gobierno es reprobable y condenable. Podemos estar a favor o en contra de Israel, una nación bélica, que ha vivido en gran parte de su victimización mediática por el holocausto (Donde fueron sacrificados miles de personas lejos de ser judías), pero evita enfrentar los crímenes de lesa humanidad que ha provocado incluso lanzando explosivos contra la sociedad civil, pero eso no justifica que se emprenda una actividad contra una comunidad por su forma de pensar, su ideología o religión y menos a través de enfermizas conductas políticas que incentivando el odio hacia los demás. Estos casos externos llegan al terrorismo, al fanatismo, al crimen y a los genocidios.

Las preguntas son: para desafiar a una comunidad frente a una sinagoga ¿Quién la convocó? ¿Quién la organizó? ¿Quién pagó los camiones? ¿Quién dio las consignas?

Y eso lo debe responder claramente Palacio Nacional y Clara Brugada porque no fueron contra Netanyahu, ni atacaron a la embajada, menos al gobierno de Israel.

Su intención fue contra los judíos en una actitud de antisemitismo y odio nunca antes registrada en el país. Hay tribunas para debatir, para presentar argumentos pero los puñetazos, los enfrentamientos físicos y las guerras a nada conducen. Habrá elementos para juzgar y calificar a la historia y sus consecuencias. Tenemos que moderar y equilibrar los seres pensantes para que no se violenten derechos humanos ni se manipule lo que está ocurriendo.

Es necesario frenar el armamentismo y evitar las conclusiones a través del uso de misiles. México no debe ser, ni prestarse a convertirse en arena de conflictos y menos para cumplir sucias estrategias de la política. Esto no debe ser un distractor para creer que los problemas internos que se niega a resolver el gobierno tiren raíces en otras fronteras. Es mucho más importante acabar con nuestra violencia antes de pensar se Palestina.

El EZLN debe en su movimiento la muerte de cientos de indígenas a la sombra de un disfraz con capucha como lo es “Marcos” con sus dos relojes, una pipa, una careta y sus cartitas.

Los judíos y su comunidad merecen ser respetados para que aprendan a respetar pero mientras estemos infiltrados por profesionales de la insurrección y violadores consistentes de la paz pública, no avanzaremos.

Si el gobierno no denuncia y aprehende a los responsables, que no se queje luego del estallido de granadas y carros bomba.