México, 27 de marzo 2025 ::: La Antártida es el continente más frío, seco y ventoso del planeta, con la altitud media más alta de

todas las regiones de la Tierra. Conocida popularmente como Polo Sur, está rodeada por el océano Atlántico.

 Aunque el 98 % de la Antártida está cubierta de hielo, con un promedio de 1.9 kilómetros de espesor, es una región en la que suceden graves deshielos a consecuencia del cambio climático, lo que afecta drásticamente el equilibrio de ese ecosistema, a las especies que ahí habitan y el acceso al agua dulce, explicaron expertas de la UNAM que han realizado visitas científicas al sitio.

“México debe sumarse a la investigación científica en la Antártida, un laboratorio único frente al cambio climático. En América Latina y como parte de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, es el único país que no ha suscrito el Tratado Antártico, mientras 11 naciones de la región ya lo hicieron”, advirtió Patricia Valdespino Castillo, profesora de la Escuela Nacional de Ciencias de la Tierra de la UNAM.

Consideró que el sitio ofrece oportunidades sin precedente para la investigación, pues la ciencia es la puerta de entrada a la Antártida.

Valdespino Castillo participó en la mesa redonda “Ártico y Antártida: experiencias en los glaciares”, celebrada en el Auditorio Yelizcalli de la Facultad de Ciencias como parte del evento “Día Mundial del Agua 2025: los glaciares y los volúmenes disponibles de agua para la humanidad y la naturaleza”.

El Tratado Antártico es un acuerdo internacional que establece que la Antártida es una reserva natural para la paz y la ciencia. Se firmó en Washington en 1959 por 12 países que habían realizado actividades científicas en la zona y entró en vigor en 1961.

Actualmente, 58 países son parte del tratado, y siete han hecho reclamos territoriales: Argentina, Australia, Chile, Francia, Noruega, Nueva Zelanda y Reino Unido. Los 58 integrantes tienen reuniones consultivas y un protocolo medioambiental con un tribunal permanente de arbitraje.

En el evento moderado por Marisa Mazari Hiriart, coordinadora del Seminario Universitario de Sociedad, Medio Ambiente e Instituciones, Valdespino Castillo dijo que, por lo pronto, ya hay un punto de Acuerdo en la Cámara de Senadores, emitido en marzo de 2023, para que México suscriba el Tratado Antártico.

Subrayó que lo que pasa en la Antártida nos afecta en México, pues debido al calentamiento de aquella zona se esperan futuros escenarios de inundación e intrusión salina en algunas regiones del país, afectando las costas de Veracruz y especialmente la península de Yucatán, dañando territorios costeros de Campeche, Tabasco, Yucatán y Quintana Roo.

La especialista apuntó que la Antártida marítima y peninsular son las zonas con más altas tasas de calentamiento, y citó que en 2020 hubo una temperatura récord en la región que alcanzó los 18.3 grados Celsius.

“La ciencia antártica nos ayuda a entender, prevenir y mitigar las consecuencias del cambio climático”, señaló.

Explicó que estudiaron microorganismos antárticos (de los que llevaron muestras desde el sitio hasta los laboratorios de la UNAM), así como sus metabolismos extraordinarios para entender cómo responden los ecosistemas al cambio ambiental.

Bacterias, algas, hongos y virus

En tanto, Ana Cecilia Espinosa García, técnica académica del Laboratorio Nacional de Ciencias de la Sostenibilidad, adscrito al Instituto de Ecología de la UNAM, narró su aventura en la Antártida, donde realizó una detallada recolección de muestras de agua proveniente del deshielo de los glaciares.

“Ésta contiene muchas bacterias, cianobacterias, algas, hongos y virus, entre otros, ocultos en los tapetes microbianos, comunidades biológicas formadas por microorganismos que crecen en la superficie de rocas, suelos y sedimentos”, detalló.

Los tapetes microbianos son ecosistemas que se desarrollan en zonas de contacto entre el medio acuático y el terrestre, y se organizan en capas según sus capacidades metabólicas. Son la forma más temprana en la Tierra de la que hay evidencia fósil.

A partir de esas muestras, las científicas hicieron estudios de genómica microbiana de sistemas de deshielo antártico.

Entre los ejemplos de biociencia antártica para el desarrollo sustentable destacan las celdas fotovoltaicas a partir de pigmentos de bacterias y algas de la región, bacterias que remedian suelos contaminados con hidrocarburos y estudios de estrés térmico e hídrico de microbios y plantas antárticas para buscar cultivos más resistentes.