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La Bundesliga es la única gran liga europea que no podía presumir de saber que su país ganaría la Champions varias semanas antes de que se disputase el partido. Hasta ahora el Borussia Dortmund y el Bayern de Múnich han eliminado al Real Madrid y al Barcelona y se han plantado en la final de Wembley. El 25 de mayo Alemania tendrá su corona europea.

Antes que ellos, otros tres países vieron cómo dos de sus equipos nacionales se enfrentaban en la final de la máxima competición continental: España en el 2000 (Real Madrid – Valencia), Italia en el 2003 (Juventus – Milan) e Inglaterra en el 2008 (Manchester United – Chelsea).

La primera vez que una sola bandera presidía la final de la competición fue en el año 2000. Ni el Real Madrid ni el Valencia habían ganado la Liga la temporada anterior (el alirón lo cantó el Barcelona, que cayó en semifinales con el conjunto che), pero los dos conjuntos llegaron hasta la final del Stade de France parisino. Una vez allí, los blancos (esa noche de negro) hicieron valer su experiencia en finales europeas y se impusieron con claridad a los de Héctor Cúper. Fernando Morientes, Steve McManaman y Raúl llevaron a Madrid la Octava.

Tres años después sería el turno de Italia. Ya en semifinales, la Serie A dominaba la competición con tres equipos a las puertas de Old Trafford: Milan, Inter y Juventus. Les acompañaba el Real Madrid. Mientras que el camino del Milan fue más plácido (aunque consiguieron el pase a la final gracias al valor doble de los goles en campo contrario), la Juventus tuvo un recorrido tortuoso que empezó en la fase de grupos, donde perdieron tres de los seis partidos en disputa y empataron otro. La final se caracterizó por la racanería de ambos equipos y el tiempo reglamentario más la prórroga acabaron sin que el marcador se moviera. En la tanda de penaltis los protagonistas fueron los guardamentas Dida y Buffon. El rossonero, con tres paradas, –Buffon hizo dos– dio al Milan su sexta Copa de Europa.

Manchester United y Chelsea representaron a la Premier en 2008 en la final de Moscú, disputada en el Estadio Luzhniki. El título, como en la final italiana, se decidió en los penaltis. El defensa blue John Terry había marrado el disparo que podía haber dado a los suyos la Champions, y le tocaba al francés Nicolás Anelka.  

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