Según reportes policiales, el sabotaje fue ejecutado por dos suicidas que detonaron sus chalecos cargados con unos seis kilogramos de explosivos cuando los feligreses salían del templo y participaban de un almuerzo gratis.

Entre los fallecidos, cuyo número puede aumentar debido a la grave condición que revisten varios de los 145 heridos, hay 34 niños y mujeres.

El Junood ul- Hifsa, una facción del Tehrik-e-Taliban Pakistan (TTP) reivindicó el atentado y dijo que era en venganza por el accionar de los drones estadounidenses sobre las regiones tribales del país, en una de las cuales está enclavada Peshawar, capital de la turbulenta provincia de Khyber Pakhtunkhwa.

Un portavoz del grupo, Ahmad Marwat, advirtió que "seguiremos golpeando a los extranjeros y a los no musulmanes hasta que cesen los ataques con aviones no tripulados".

En Peshawar fueron decretados tres días de luto, mientras en esa y otras ciudades se produjeron manifestaciones de repudio al hecho. El primer ministro Nawaz Sharif expresó en un comunicado que ese salvaje acto "viola los principios del Islam y de todas las religiones".

El Consejo de los Ulemas de Pakistán, que reúne a los principales eruditos musulmanes, calificó de "vergonzoso" el ataque.

Este también fue condenado por mandatarios de los países vecinos y por el papa Francisco I, quien lo describió como "una funesta elección del odio y la guerra" y elevó una oración por el descanso de las víctimas.

El sabotaje coincide con los intentos del gobierno por entablar un diálogo con el TTP, que condiciona las negociaciones a la retirada de las tropas de las áreas tribales del noroeste y a la liberación de todos los talibanes que están en prisión.

En Pakistán son frecuentes los ataques de la insurgencia contra las fuerzas de seguridad y grupos minoritarios musulmanes como los chiitas a los que consideran heréticos, no así contra los cristianos, quienes representan menos del dos por ciento de los 180 millones de habitantes del país.

Según la televisora privada Geo Noticias, los servicios de seguridad de Peshawar habían sido advertido sobre un posible ataque a la Iglesia de Todos los Santos, que construida en 1883, durante la era británica, es una de las más antiguas en el noroeste del país.

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