Los disturbios ocurrieron tras el ultimátum de 48 horas dado a la Hermandad para que se sumara a su hoja de ruta, y solo unas horas después de que cientos de miles de personas expresaran su apoyo al Ejército en su lucha “contra el terrorismo”.

Las versiones y cifras de las autoridades y de la Hermandad son discordantes. Mientras el ministerio de Sanidad afirmaba que hubo 72 víctimas mortales y 292 heridos, un portavoz de la Hermandad elevaba a 66 el número de personas fallecidas, además de 61 “clínicamente muertas” y 4.500 heridos.

Por su parte, fuentes médicas del hospital provisional montado en un edificio adyacente a la mezquita hablaban de más de 130 muertos. De acuerdo con los testimonios de los activistas islamistas, la agresión de la policía se inició sin que mediara provocación alguna. “Anoche había muchísima gente aquí.

La multitud llegaba casi hasta la carretera del 6 de octubre. De repente, a la 1.30 de la madrugada, la policía empezó a atacarnos, primero con gases lacrimógenos, y luego con disparos. Fue una auténtica carnicería”, comenta Shakir Mahmud, un barbudo profesor de 36 años de la provincia de Minia, mientras yace en la mezquita con tres balines incrustados en la espalda. La sala principal del recinto está llena de heridos leves. Los pacientes críticos son trasladados a los hospitales de la zona.

“El combate fue muy desigual. Ellos tenían francotiradores apostados en las azoteas de los edificios de la avenida Násser, que disparaban a la cabeza, al cuello o al pecho. Nosotros montamos barricadas y utilizábamos piedras para repeler sus acciones”, asegura Ahmed, un joven desempleado que lleva una camiseta del Partido de la Libertad y la Justicia, brazo político de la Hermandad. Según Ahmed, en la matanza también participaron baltaguiya, como se conoce a los matones a sueldo que solían dispersar brutalmente las manifestaciones en la era Mubarak.

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