El triste populismo lopezobradorista

A LOS PEJELOVERS:
"A veces, el pueblo requiere psicoterapia colectiva para superar su adicción a caudillos y populistas": Jaime Costales 

No importa cuál encuesta se consulte, la popularidad de Andrés Manuel López Obrador abarca casi dos terceras partes de la población adulta. El día de ayer, Mitofsky, en su AMLO Tracking Poll, indicaba que 63 por ciento de los entrevistados lo aprueba (El Financiero); por su parte, Buendía&Márquez le daba hasta dos puntos más (El Universal).

Desde que inició su carrera política a nivel nacional y sobre todo como jefe de Gobierno del D.F., se hablaba del “efecto teflón” de AMLO; nada de lo que hiciera o dejara de hacer le hacía una mella grande.

Ya en la Presidencia, López Obrador empezó con 80 puntos de aceptación y, como es natural, el ejercicio del poder lo ha desgastado al nivel en que ahora se encuentra. Otros presidentes mexicanos han gozado de la misma simpatía al cuarto año de gobierno, pero la diferencia está en que ninguno cometió tantos atropellos como él y siguió tan campante…

A esos dos tercios de mexicanos no les importan los yerros de don Andrés Manuel: el desabasto de medicamentos, la inseguridad, el incremento de la deuda, el mal manejo de la pandemia, los escándalos de corrupción, el gasto estrafalario en los megaproyectos, la quiebra de MiPyMES, el Plan B y un largo etcétera.

¿Cómo explicar tal paradoja?

Los que han estudiado el populismo contemporáneo indican que los líderes carismáticos como López “son muy conscientes de su propia imagen y trabajan sin parar para proyectarse en la conciencia de sus seguidores; el personaje que construyen se convierte en un elemento esencial de la identidad de sus partidarios” (Naím, La revancha de los poderosos).

Tal descripción viene como anillo al dedo a nuestro presidente, lo mismo que a Donald Trump o a Hugo Chávez. No se trata de ideologías ni de principios políticos, sino de un cierto y perverso glamour alrededor de la figura del líder.

En este sentido, nos dice Naím, al momento en que los seguidores vinculan su identidad con el líder populista, no le permiten que fracase; “los arropan hasta tal punto que su prestigio, muchas veces, aumenta”, porque todo es culpa de los adversarios. Pues sí, en esas estamos…

Siguiendo esta lógica, no debiera sorprendernos que los pejelovers no se alteren por el desprecio con el cual López trata a una buena parte de los mexicanos, como lo hizo en la mañanera del lunes, en referencia a los manifestantes en el Zócalo y otras 100 ciudades. Un inquisidor no hubiera sido más ríspido, como si ese millón de manifestantes en todo el país cometieran fueran herejes y blasfemos. Tal parece que los seguidores son fans antes que mexicanos…

Asimismo y en la medida en que AMLO no es un político común, qué más les da a sus seguidores que tenga o no restricciones o contrapesos. Si el presidente quiere violar una norma legal, pues peor para la norma. Y aquí estamos con el Plan B en marcha, sin importar que a la democracia se la lleve el carambas; esa democracia que es de todos…

Tampoco debiera sorprendernos que los seguidores toleren las miles de medias verdades y hasta medias mentiras que profiere el inquilino de Palacio en las mañaneras. Hace por lo menos dos años que se debió acabar con la inseguridad y la corrupción; aun cuando ambos índices siguen altos, no aparecen como las grandes fallas del lopezobradorismo en la encuesta publicada en El Universal el día de ayer.

Lo mismo se diría de las promesas incumplidas. Hace por lo menos un año de debiéramos tener “un servicio de salud como el de Dinamarca”; lo cierto es que prevalece el desabasto de medicinas y la atención es cada vez más deplorable.

A diferencia de otros presidentes, a López con la intención basta… Con mover las fibras emocionales de sus seguidores es suficiente, al punto de que 29 por ciento de la población afirma que “nada” está mal en esta gestión (Buendía&Márquez).

¿Cómo se combate un populismo tan dañino para el país? ¿Cómo puede la oposición ganar la conducción política y la narrativa sin caer en el mismo juego de las estridencias, las falsedades y las políticas clientelares? No lo sé y todo indica que la oposición tampoco.

Me queda una esperanza: 56 por ciento de los encuestados -incluidos los pejelovers- piensan que “ya transcurrió tiempo suficiente para exigir resultados a este gobierno”. Sí, ya es tiempo, pero siéntense a esperar porque dudo que los resultados lleguen.

Espero que cuando los pejelovers despierten del ensueño lopezobradorista, mantengan esa desagradable sensación al momento de votar…

Leopoldo Mendívil

Colaboró: Upa Ruiz This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it.

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