Madrid, 14 dic.- Exactamente 323 días después de anotarse el supergigante de Bansko (Bulgaria), donde un día antes había ganado el descenso, la estadounidense Mikaela Shiffrin, gran

 dominadora del esquí alpino durante los años pasados, ha regresado a lo alto del podio. A su hábitat natural. Lo hizo este lunes, al ganar el gigante aplazado el domingo en Courchevel (Francia), donde igualó las 67 victorias en Copa del Mundo del austriaco Marcel Hirscher -único óctuple vencedor de la competición-: la tercera mejor marca de toda la historia.
Shiffrin, que a los 25 años lo ha ganado absolutamente todo en el deporte rey invernal, perdió la opción de anotarse por cuarta vez seguida la general de la Copa del Mundo la temporada pasada. Primero, a causa del repentino fallecimiento de su padre; y después, por las cancelaciones derivadas de la pandemia. Pero este lunes volvió a sonreír. Y a llorar de alegría. En la citada estación de los Alpes franceses. En la que, antes de firmar su primer triunfo del curso, ya había ganado dos veces (2018), y donde igualó las 67 victorias del astro salzburgués: que sólo mejoran otra estadounidense, Lindsey Vonn (82), e Ingemar Stenmark: plusmarquista histórico, que festejó 86 éxitos para Suecia.
Hace justo un año, la súper-depredadora de Vail (Colorado), asimismo doble campeona olímpica y quíntuple mundial, avanzaba plácidamente hacia la que hubiese supuesto la consecución de su cuarta Copa del Mundo seguida cuando, de repente, se le cayó el mundo encima. El 2 de febrero fallecía de forma inesperada, su padre, Jeff. Tan sólo unos días después de que Mikaela firmase el 'doblete' en Bansko, que consumó el 26 de enero ganando el supergigante.

Shiffrin quedó consternada y, obviamente, dejó de competir. Para cuando, un mes después, decidió regresar a pistas, el covid-19 ya azotaba sin piedad a la humanidad. Se cancelaron las pruebas de Are (Suecia) y las finales de la Copa del Mundo, en Cortina d'Ampezzo (Italia). Y Federica Brignone acabó convirtiéndose en la primera italiana en ganar la competición de la regularidad; la primera en llevarse a Italia la gran Bola de Cristal desde que lo hiciera por última vez el irrepetible Alberto Tomba, en 1995.

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