Kristalina Georgieva comentó a periodistas que una nueva asignación de la propia moneda del FMI, los derechos especiales de giro (DEG), ayudaría a dar a los países más espacio fiscal para abordar la crisis de salud y cambiar a una economía digital y verde.

Bajo el gobierno del saliente presidente de Donald Trump, Estados Unidos, el mayor contribuyente del FMI, ha bloqueado tal medida, argumentando que daría más recursos a países ricos debido a que las asignaciones serían proporcionales a las participaciones.

La ministra de Finanzas sueca, Magdalena Andersson, nueva presidenta del comité directivo del FMI y quien habló junto a Georgieva durante una conferencia de prensa en línea, dijo que era evidente que la necesidad de liquidez seguía siendo grande y que consultaría con los países miembros sobre las opciones para expandir la liquidez.

Georgieva dijo que el FMI había aumentado rápidamente el financiamiento concesional para los mercados emergentes y las economías en desarrollo, incluso mediante la donación de unos 20.000 millones de dólares en DEG existentes. Eso continuará desempeñando un papel importante, pero se necesitan más pasos, dijo.

"Seguirá siendo tan importante, aún más importante, para nosotros poder ampliar nuestra capacidad para apoyar a los países que se han quedado atrás", dijo Georgieva.

Los miembros del FMI nunca han quitado de la mesa la opción de llevar a cabo una nueva asignación de DEG, algo similar a un banco central que imprime dinero, dijo, y agregó que algunos miembros continuaron discutiendo esa posible medida.

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