primera vez desde junio.

En la práctica, el paso de amarillo a verde representa apenas cambios mínimos en la vida diaria. El uso de mascarillas sigue siendo común entre los 9 millones de habitantes de la ciudad, pero el ritmo de vida hace mucho que regresó a su agitada normalidad.

Los eventos multitudinarios al aire libre, que habían operado al 75% de su capacidad, ahora no tienen límite de aforo, aunque aún se requiere que los asistentes porten mascarillas. La medida se produce apenas unas semanas antes de que la Ciudad de México sea sede de la carrera de Fórmula Uno.

Bares, clubes y salones de fiestas podrán operar durante una hora más y permanecer abiertos hasta la 1 de la mañana, aunque con los mismos filtros sanitarios requeridos al momento del ingreso, revisión de temperatura y gel desinfectante.

Al anunciar los cambios el viernes, el director de Tecnología de la Ciudad de México, Eduardo Clark, señaló que por fortuna la ciudad avanza en la dirección correcta gracias al buen comportamiento de la población.

El número de pacientes hospitalizados por COVID-19 o de casos sospechosos en el área metropolitana ha ido en descenso desde mediados de agosto y se aproxima al mínimo registrado en junio pasado.

El declive sigue a pesar del regreso a las clases presenciales en las escuelas de la capital desde el mes pasado, aunque muchos de los estudiantes no acuden a tiempo completo.

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