por el fallecido Sebastián Piñera, quien fue dos veces presidente del país. El duelo es lo que corresponde, más allá de las polémicas. Correligionarios y contrincantes le rinden su respeto. Duelo, respeto y solidaridad con sus familiares y cercanos; y reflexión en todas las bancadas de la política chilena es lo que se impone.

 Símbolo de un empresariado que se benefició del modelo neoliberal y amasó una enorme fortuna, se le cuestionó más de una vez por los conflictos de intereses que podían derivarse de sus negocios y su actividad política. Pero también se destaca en este momento de impacto su voluntad de servicio público.

::: Los hitos de sus presidencias

El primer período de gobierno de Piñera se vio marcado por dos tragedias: las secuelas del devastador terremoto de 2010, que se produjo en las postrimerías del gobierno de su antecesora, Michelle Bachelet, y que supuso un desastre de marca mayor para el país, y el drama de los mineros que quedaron atrapados al producirse un derrumbe en la mina San José.

Este segundo desafío se convirtió en un triunfo para el presidente, que ganó aplausos a nivel nacional e internacional con el espectacular rescate de los 33 mineros a quienes muchos ya habían dado por perdidos. Ese fue, probablemente, un momento de gloria personal en la vida de este político que siempre gustó de la imagen del triunfador.

La segunda presidencia de Piñera, en cambio, fue borrascosa. Y quedó definitivamente marcada por el estallido social de octubre de 2019. Una etapa que puso a Santiago y el resto del país en estado de ebullición y dejó en entredicho la imagen de "isla de paz” y prosperidad económica en el Cono Sur de América Latina. El modelo neoliberal, heredado de la dictadura de Augusto Pinochet, mostraba su cara sin el maquillaje de los éxitos comerciales.

La figura del Sebastián Piñera triunfador se derrumbó junto con su popularidad. De seguro, uno de los momentos más duros de su trayectoria política, aunque su imagen en el último tiempo se iba recuperando.

::: Diálogo y democracia

Más allá de su posición liberal-conservadora, Piñera no fue un exponente típico de la derecha pinochetista recalcitrante. Nacido en el seno de una familia que tuvo destacados integrantes tanto de sectores de derecha como de la democracia cristiana chilena, el expresidente y empresario mantuvo una posición de apertura democrática que se echa de menos entre algunos personajes de ese extremo del abanico político.

Lo demostró en la época del plebiscito que puso fecha de caducidad al gobierno de Pinochet y volvió a hacerlo en el cincuentenario del golpe militar de 1973, al firmar una declaración conjunta con el actual presidente, Gabriel Boric, y otros exmandatarios chilenos, a favor de la democracia y la unidad nacional. Un llamado imprescindible en momentos de polarización y en un clima enrarecido por corrientes de negacionismo de los crímenes de la dictadura y su responsabilidad por ellos.

Sebastián Piñera, un personaje con rasgos polémicos, fue una voz a favor de un juego político en que los contrincantes son adversarios y no necesariamente enemigos. Ojalá fuera ese su legado, más allá de las posiciones ideológicas.

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