"Los líderes de los países occidentales nos proponen negociaciones, conversaciones. Y, mientras, siguen en sus trece (...), nosotros no lo aceptamos", dijo Lukashenko durante una reunión del Consejo de Seguridad del país. Lukashenko, conocido durante muchos años como el último dictador de Europa, había optado por una tímida apertura en el marco del deshielo con Occidente, pero de la noche a la mañana ha apostado por el aislamiento como mejor forma de acallar la revolución pacífica que se cree en marcha en Bielorrusia.

La decisión hoy, miércoles, de la Unión Europea de no reconocer su victoria en las elecciones presidenciales del 9 de agosto ha acentuado su ostracismo, con la excepción del vecino del norte. Su único interlocutor es el presidente ruso, Vladímir Putin, con el que volvió a hablar este 19 de agosto por teléfono por cuarta vez en las últimas 72 horas.

"Los jefes de Estado coordinan sus acciones, en primer lugar en el marco de los acuerdos firmados, es decir, la Unión Interestatal (entre Moscú y Minsk) y la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva", conocida como el brazo armado postsoviético, explicó Natalia Eismont, la portavoz presidencial. La canciller alemana, Angela Merkel, a la que Lukashenko describió antes de las elecciones como una "loba", lamentó hoy que el líder bielorruso se negara a hablar con ella por teléfono. 

En Minsk consideran que, a la vista de la situación, no tiene sentido conversar con otros líderes extranjeros. "Díganme, ¿qué impresión causaría si, al tiempo que entabla negociaciones con Putin, el presidente bielorruso discute algo con Merkel? Bajo nuestro punto de vista, al menos, no quedaría muy bien", explicó Eismont.

Acusaciones de injerencia europea

Además de negarse a dialogar con Occidente, ordenó al Ministerio de Exteriores que informe a los líderes extranjeros, desde Merkel hasta el presidente francés, Emmanuel Macron, y a los dirigentes de los países vecinos, Polonia, Lituania y Ucrania, lo que realmente está pasando.

"Que sepan lo que está pasando, el punto de vista oficial, y advertirles sobre su responsabilidad a la hora de instigar los disturbios. Financiar los disturbios es instigar. Y vemos hoy que dicha financiación prosigue", aseveró.  Destacó que los países europeos han insuflado ingentes recursos económicos para patrocinar las protestas postelectorales y que las autoridades locales lo ven. "Lo sabemos y estamos en ello", señaló.  Lukashenko llamó a las cancillerías occidentales a no "señalar con el dedo" a Minsk y preocuparse más de las protestas en Francia y Alemania, y los "horribles disturbios" en Estados Unidos.

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