Las dos segundas vueltas de las elecciones al Senado son lo que queda de los comicios celebrados en noviembre, cuando ninguno de los candidatos alcanzó el umbral del 50% de los votos. Los demócratas necesitan ganar ambas contiendas para conseguir la mayoría en la cámara alta, y con ello, tener el control del nuevo Congreso cuando Biden asuma la presidencia en dos semanas.

El presidente Donald Trump alentó a sus simpatizantes a que acudieran a las urnas en grandes números, incluso aunque realizó afirmaciones sin fundamento de fraude electoral para explicar su propia derrota en Georgia.

Por el momento era demasiado pronto para declarar a los ganadores debido a que se seguían contando los votos.

En una de las contiendas, la republicana Kelly Loeffler, de 50 años, una ex empresaria que fue nombrada al Senado hace menos de un año por el gobernador del estado, se enfrenta al demócrata Raphael Warnock, de 51 años, pastor de la iglesia de Atlanta donde Martin Luther King Jr. creció y predicó.

En la otra elección se enfrenta el exejecutivo empresarial de 71 años David Perdue, un republicano que mantuvo su escaño en el Senado hasta que su término expiró el domingo, ante el demócrata Jon Ossoff, un exasesor del Congreso y periodista. Con apenas 33 años de edad, Ossoff sería el miembro más joven del Senado si gana.

El alto significado de las segundas vueltas ha transformado a Georgia, que alguna vez fue un sólido estado republicano, en uno de los principales campos de batalla de la nación en los últimos días de la presidencia de Trump.

Biden y Trump hicieron campaña para sus candidatos en persona la víspera de las elecciones, aunque algunos republicanos temían que Trump pudiera haber confundido a los votantes debido a que siguió haciendo afirmaciones sobre fraude electoral para tratar de desvirtuar la victoria de Biden.
Las autoridades estatales dijeron que no se habían reportado mayores problemas con el proceso.

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