momentos, Morsi culpó de la crisis política que vive el país a “los restos del antiguo régimen”, en referencia a los oficiales del Gobierno de Hosni Mubarak, a quien las revueltas de 2011 obligaron a dimitir.

El Ejército le había dicho a Morsi que tenía 48 horas para escuchar las protestas populares y compartir el poder con los opositores. El Presidente dijo en su discurso de anoche que ya ha intentado medidas conciliadoras en el pasado y no han funcionado. “Lo único que le puedo decir a los opositores es que protejan a Egipto y protejan la legitimidad”, añadió Morsi, quien en numerosos momentos apareció nervioso e irritado. “La gente me ha elegido en elecciones libres e igualitarias”, dijo. Al término de su discurso, en la plaza de Tahir en El Cairo, los miles de manifestantes reunidos entonaron al unísono el popular canto de “vete, vete, vete”.

Durante la noche del martes se sucedieron varios enfrentamientos violentos entre partidarios y detractores del presidente, con fuego cruzado en la universidad de El Cairo, en la localidad de Giza. Al menos siete personas fallecieron en los disturbios, según las autoridades. El domingo, la sede de los Hermanos Musulmanes en El Cairo ya fue asaltada, saqueada e incendiada.

El plan de intervención del Ejército contempla defenestrar al Presidente, instaurar un Gobierno provisional de tecnócratas civiles, redactar una nueva Constitución y, finalmente, convocar nuevas elecciones presidenciales, según Reuters. Fuentes militares no explicaron cómo forzarían a Morsi a abandonar el poder. Después de que el partido salafista Nur se sumara el martes a la petición de nuevas elecciones de la oposición, a Morsi le quedaba el único apoyo de los Hermanos Musulmanes y un puñado de partidos islamistas, que prometen luchar para defender la legitimidad del primer presidente elegido en las urnas en la historia del país.

En su feudo en El Cairo, el distrito de Ciudad Nasser, los partidarios del presidente han reforzado la zona alrededor de la mezquita de Raba al Adawiya, armados con palos, porras, bates y cadenas. “Estamos dispuestos a dar nuestra sangre, nuestras almas y si es necesario hasta a nuestros hijos para proteger la legitimidad de lo que decidimos en las urnas”, dijo el martes Mahmud el Gazan, de 48 años, haciéndose eco de las palabras del Presidente.

 

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