Cuidar a quienes están aprendiendo a cuidar

Lo ocurrido recientemente en el Hospital General de México, donde decenas de médicos residentes resultaron enfermos y algunos requirieron

hospitalización, nos obliga a mirar más allá del problema sanitario inmediato.

 Nos obliga a hacernos una pregunta ética:
¿Estamos cuidando adecuadamente a quienes tienen la responsabilidad de cuidar a nuestros pacientes?
Los médicos residentes y los médicos internos de pregrado se encuentran en una etapa fundamental de formación. La exigencia académica y clínica es necesaria, pero la formación médica nunca debe construirse a costa de la dignidad, la salud o la integridad de quienes se están formando.

Desde la ética médica existen principios que no deberían ser negociables:
• No maleficencia: ninguna institución debe generar o permitir condiciones que pongan innecesariamente en riesgo la salud de sus residentes o internos.
• Beneficencia: debemos procurar condiciones que favorezcan su salud, aprendizaje y desarrollo profesional.
• Justicia: quienes trabajan y se forman dentro de un hospital merecen condiciones dignas, seguras y equitativas.
• Dignidad humana: ser residente o interno no significa renunciar al derecho al descanso, a una alimentación segura, a recibir atención médica o a expresar que algo no está bien.
• Responsabilidad institucional: universidades y hospitales tienen el deber de garantizar ambientes adecuados para la formación y el ejercicio de la medicina.
También debemos cuestionar una cultura que durante décadas ha confundido vocación con sacrificio ilimitado.
Un médico no demuestra su compromiso por trabajar enfermo, dormir pocas horas o soportar condiciones indignas.
La resiliencia no debe utilizarse como argumento para normalizar el abandono institucional.
Y esto importa también para los pacientes. La seguridad del personal de salud y la seguridad del paciente no son conceptos opuestos: están profundamente relacionados.
Cuidar a nuestros residentes e internos no significa exigirles menos. Significa exigirles en un entorno que respete sus derechos y su dignidad.
Porque si queremos formar médicos capaces de cuidar con empatía, responsabilidad y ética, debemos empezar por enseñarles algo fundamental:
la dignidad que defendemos para nuestros pacientes también debe existir para nosotros mismos.