La música es cosa de niños; un semillero de talentos llamado OSIM

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La Orquesta Sinfónica Infantil de México cumple 18 años.
 
En un rincón de Ciudad de México un grupo de hombres ataviados con prendas similares a las de un charro –chaquetas cortas, pantalones con tapabalazos, botones de plata, botas de gamuza y enormes sombreros decorados de forma artesanal– tocan música con algarabía y pronto contagian de alegría con su musicalidad a quienes los aprecian. Son mariachis y en sus manos portan guitarras, guitarrones, trompetas y por supuesto violines.
La música fue algo común en la temprana vida de Tadeo, quien influenciado por la profesión de su padre, el cual es músico de mariachi, comenzó a interesarse por la música tradicional mexicana y posteriormente por la música clásica. Fue así que con tan solo seis años Tadeo comenzó sus estudios musicales y a los siete ya sabía tocar el violín, instrumento predilecto de este joven de ahora 17 años que tras una década de preparación ahora forma parte de la Orquesta Sinfónica Infantil de México (OSIM), una iniciativa del Sistema Nacional de Fomento Musical de la Secretaría de Cultura.
“Yo siempre vi el violín y me llamó mucho la atención cómo se veía la gente tocándolo porque me parece un instrumento muy bello, muy hermoso, y un instrumento con el que se pueden hacer muchas cosas que otros instrumentos no pueden”, señala Tadeo Bautista, quien es originario de Ciudad de México y desde 2014 forma parte del grupo de niñas, niños y adolescentes que conforman la OSIM.
Desde Amealco, Querétaro, Tadeo y otros niños ensayan piezas de Arturo Márquez, Serguéi Prokofiev, Gustav Holst, entre otros. Los 137 niños y niñas que integran la OSIM están entre los 11 y 18 años, y pese a su corta edad demuestran en los ensayos, a cargo del maestro Eduardo García Barrios, su profesionalismo, entrega y avanzado conocimiento en materia musical.
Mientras tocan Danzón número 9 de Arturo Márquez, los infantiles músicos son fotografiados por la prensa invasiva que a nada se encuentra de colocar cámaras entre sus cuerpos y los instrumentos que tocan: violín, viola, violonchelo, contrabajo, flauta, piccolo, oboe, corno inglés, clarinete, fagot, corno, trompeta, trombón tenor, trombón bajo, tuba, arpa, piano y percusiones. El trabajo periodístico no es ni siquiera un digno distractor para los jóvenes músicos que absortos no despegan la mirada de sus partituras y de los movimientos enérgicos del director de la orquesta.
Es un día más en el Campamento de Estudio de la Orquesta Sinfónica Infantil de México que se desarrolló en Amealco. En él las niñas, niños y adolescentes reciben una formación integral no solo en materia musical sino que se inmergen en actividades deportivas, recreativas y lúdicas que complementan su preparación musical y hacen de su estadía una experiencia enriquecedora que los nutre de nuevas amistades y con ellas de nuevas realidades.
“Me ha gustado mucho el campamento porque aparte de la música aprendo otro tipo de trabajo que no se aprende como solista, que es el trabajo de orquesta, en el que no solo importa tocar las notas bien sino la interpretación e ir con todos los instrumentos al mismo tiempo como si solo fuéramos uno mismo y como si juntos fuéramos contando una historia”, explica Eréndira, de 12 años, quien creció rodeada de música, pues asistía a los fandangos a los que sus padres la llevaban y pronto se interesó por la música tradicional y la música clásica.
“Lo que más me gusta del campamento es la experiencia musical y que puedo conocer a muchas personas, personas que de verdad me entienden, porque en mi escuela nadie lo hace y piensan que qué flojera lo que hago, y aquí todos son más simpáticos y les interesa la música”, cuenta Eréndira, quien hace sus declaraciones tan rápido que parece no preocuparse en respirar, pues enfoca toda su atención en usar el aire en su interior para pronunciar las austeras palabras que necesita para contar su historia. Al término de la entrevista, ya sin aliento, solicita retirarse porque, según explica, lo que realmente quiere hacer en su tiempo libre es ensayar más.
Eréndira también es de Ciudad de México, pero la OSIM tiene en sus filas a niños provenientes de prácticamente todo el país: desde Baja California hasta Chiapas y Yucatán, pasando por Veracruz y Jalisco; e incluso a niños provenientes de otros países, como Daniel Suárez, que tiene 12 años, es originario de Cuba y actualmente vive en Saltillo, Coahuila. Todas y todos tienen una historia peculiar sobre el despertar musical y lo que la música y esta experiencia en el campamento representa en sus cortas vidas.
“La música en mi vida es todo. La música es lo que le da significado a mi vida, gracias a ella he conocido a personas increíbles y puedo decir que hago lo que amo y me alegra poder estar viviendo esto. No pienso mi vida sin la música”, son las palabras de Paola, proveniente de Torreón.
Este es el tercer año en el que esta joven de 16 años participa en la OSIM; ella forma parte de las 41 niñas que integran la orquesta, frente a los 96 niños que están en el campamento. Paola lleva siete años tocando el violín, instrumento por el que se decantó luego de que a su corta edad no pudiera tocar el chelo ante el desproporcionado tamaño del instrumento y su estatura infantil. Para ella deberían existir más proyectos como la OSIM, pues asegura que ayudan a que los niños conozcan no solo cuestiones de música sino tradiciones y formas de pensar que se tienen en otros estados.
“La música y el arte pueden transformar a la sociedad, innovando artísticamente se pueden cambiar cosas. La música no le afecta a nadie. Es importante que la música se enseñe en las escuelas públicas, la música es igual de importante que las matemáticas, en las matemáticas te concentras para resolver problemas, igualmente en la música te concentras para un objetivo, por ejemplo cómo sonar una nota Re adecuadamente, eso no cualquiera lo hace”, explica Rodrigo Sánchez, un joven de Ciudad Juárez, Chihuahua, que recién cumplió 18 años y lleva varias ediciones en el campamento de la OSIM. Para él es importante que los niños y jóvenes tengan contacto con la música, no solo la de moda, de ritmos urbanos y contemporánea, sino también la música clásica.
“Veo a otros compañeros que tienen las ganas y el talento pero no el apoyo y sufren y eso es muy triste, por eso creo que es importante que haya proyectos como la OSIM, que se hagan más temporadas, puede haber una en verano y otra en invierno para llegar más a la gente”, explica el adolescente sobre la importancia de este proyecto del Sistema Nacional de Fomento Musical.
Rodrigo enfatiza en cómo la proliferación o replica de modelos como la OSIM puede contribuir a mitigar la falta de oportunidades para jóvenes músicos a la vez que acerca productos culturales de calidad al público: “Veo a otros compañeros que tienen las ganas y el talento pero no el apoyo y sufren; eso es muy triste y por eso creo que es importante que haya proyectos como la OSIM y que se hagan más temporadas, puede haber una en verano y otra en invierno para llegar más a la gente”.
Dos semanas es el lapso que dura el Campamento de la Orquesta Sinfónica Infantil de México, en ese tiempo los jóvenes, que son elegidos por su alto rendimiento, reciben una preparación intensiva que se verá reflejada en la gira nacional, la cual inicia en Yucatán y pasará por Campeche, Tabasco y Veracruz. Finalmente la gira cerrará con dos magnos conciertos en Ciudad de México, el primero de ellos en el Complejo Cultural Los Pinos, que se realizará el sábado 3 de agosto; y el segundo en el Palacio de Bellas Artes, programado para el 4 de agosto.
La Orquesta Sinfónica Infantil de México cumple 18 años este 2019, a lo largo de estas casi dos décadas ha integrado anualmente una representación artística infantil y juvenil con altas expectativas de calidad musical.
La preparación musical forma parte de un modelo de formación integral que se ejecuta en el Campamento de Estudio y que considera tan importantes las horas de estudio como las actividades lúdicas. En este modelo niñas y niños son activados en diferentes labores desde las seis de la mañana con partidos de futbol y otros deportes, concursos de baile y juegos que involucran a todos. Las actividades son pensadas para que se sientan vivos, se conozcan y se integren.
Estas acciones buscan impulsar sus habilidades musicales y sociales al máximo bajo un esquema de excelencia que tiene como objetivo contribuir a su desarrollo como músicos profesionales, además, como señala Jonathan Aparicio, de 18 años y contrabajista: “¿A quién  no le gusta tocar en Bellas Artes?” 

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