Los Ángeles, Estados Unidos ::: 8 de septiembre de 2026 ::: Marilyn Monroe vuelve a escena, pero esta vez no como la eterna rubia de Hollywood atrapada en una fotografía
en blanco y negro, sino como una mujer de 100 años que todavía tiene algo que decir.
Esa es la premisa de “Flesh Impact”, el nuevo cortometraje de la actriz y directora estadounidense Maggie Gyllenhaal, presentado fuera de competición en la 83 edición del Festival de Cine de Venecia. En la película, Ellen Burstyn se pone en la piel de una Marilyn centenaria, mientras Dakota Johnson interpreta a la estrella durante los años de su juventud.
La ficción parte de una situación aparentemente sencilla: Monroe llega a una audición para “Orpheus Descending”, la obra de Tennessee Williams. El director, interpretado por Peter Sarsgaard, duda en un principio porque la producción busca una actriz más joven. Pero la prueba cambia de rumbo cuando Marilyn comienza a hablar de su propia vida y el relato de la mujer detrás del personaje termina imponiéndose a cualquier consideración sobre la edad.
La audición se convierte así en algo mucho más profundo que una prueba para conseguir un papel. Es una oportunidad para que Monroe se apropie de su propia historia.
::: Una estrella que se interpreta a sí misma
El punto de partida de Gyllenhaal fue tan inusual como la película resultante. El proyecto nació de un encargo relacionado con el centenario del nacimiento de Monroe, promovido por la compañía de automóviles de lujo Genesis a través de su directora de marketing, Amy Marentic.
La cineasta pidió un fin de semana para pensar qué podía hacer con la propuesta. Su respuesta fue imaginar a Marilyn con 100 años, enfrentándose a una de las situaciones más vulnerables para cualquier intérprete: estar sola sobre un escenario tratando de convencer a otros de que merece un papel.
“Me dijeron: '¿Podrías hacer una película sobre Marilyn Monroe en la que Marilyn Monroe tenga la oportunidad de expresar algo, de expresarse como artista de una manera que no se le permitió cuando estaba viva?’”, contó Gyllenhaal a Variety.
La idea le permitió apartarse de las representaciones habituales de Monroe, una figura que durante décadas ha sido reconstruida a través de fotografías, biografías, películas y relatos sobre su vida privada. En “Flesh Impact”, en cambio, Marilyn habla por sí misma. Y lo hace desde la vejez.
::: De la infancia al estrellato, sin maquillaje
La Marilyn interpretada por Burstyn reconstruye su existencia mientras intenta ganarse un lugar en la obra teatral. Su relato atraviesa una infancia marcada por instituciones y hogares de acogida, sus matrimonios y el ascenso vertiginoso que la convirtió en una de las figuras más reconocibles del cine estadounidense.
Las palabras de la Marilyn adulta dialogan con imágenes de su pasado, en las que Johnson encarna a la actriz durante su juventud.
La estructura permite que las dos intérpretes funcionen como distintas edades de una misma mujer: Johnson representa el cuerpo joven que Hollywood convirtió en fantasía; Burstyn, la mujer que mira hacia atrás y reclama la posibilidad de contar qué había detrás de esa imagen.
En uno de los momentos centrales, la Marilyn de 100 años cuestiona abiertamente el sistema que la convirtió en producto. Para ella, en Hollywood “todo es una transacción” y las mujeres que formaban parte de aquel universo eran reducidas a etiquetas degradantes.
La película no busca, por tanto, reproducir el mito, sino examinarlo desde dentro.
::: El título que nació de una sensación
El nombre “Flesh Impact” -literalmente, “El impacto en la carne”- remite a una observación del cineasta Billy Wilder sobre Monroe.
Wilder, que dirigió a la actriz en “The Seven Year Itch y Some Like It Hot”, llegó a describir el efecto que producía en pantalla como una sensación casi física: la impresión de que el espectador podía extender la mano y tocarla.
La frase sirve como puerta de entrada a una de las grandes paradojas de Monroe: fue convertida en una presencia corporal extraordinariamente poderosa, pero esa misma imagen terminó eclipsando a la intérprete y a la mujer que existían detrás de ella.
Monroe murió en 1962, a los 36 años. La película imagina aquello que nunca pudo suceder: que esa actriz hubiera llegado a cumplir un siglo y pudiera mirar su propia leyenda desde la distancia.