Transforma Ensemble Modern acústica de la Sala Nezahualcóyotl

Ciudad de México, México ::: 6 de octubre de 2026 ::: La última noche de septiembre, el escenario de la Sala Nezahualcóyotl se transformó en un laboratorio,

un archipiélago sonoro integrado por seis islas de percusiones, un piano y cinco sillas. Es todo lo que requirieron los integrantes del Ensemble Modern, una de la agrupaciones de música contemporánea más reconocidas en el mundo, para extraer sonidos de formas inconcebibles.

Pasadas las 20 horas, una ovación recibió a la directora de orquesta y percusionista Xizi Wang, quien condujo al Ensemble durante su participación en la quinta edición del Festival CulturaUNAM. La elegancia e informalidad fueron la premisa, tanto en el programa como en el vestir de los integrantes del conjunto, el cual iba de la sencillez de la camiseta y el pantalón negro del pianista Ueli Wiget, hasta la hipnótica camisola de motivos geométricos del percusionista Diego Espinosa, pasando por los zapatos tenis amarillo y rosa flourescentes de Wang.
Una andanada de nubes densas y negras y un redoble de sonoros truenos, como timbales, fueron el preludio de la presentación. Si el cincuentenario foro ya había vibrado en la semana de su reapertura, con la música sinfónica y el jazz tocaba el turno a la música contemporánea.
El Ensemble Modern es una agrupación de músicos provenientes de Europa, América y Asia fundada en 1980 en Fráncfort, Alemania, y cuyo repertorio ha abarcado lo mismo teatro musical que danza, proyectos multimedia, música de cámara y conciertos orquestales, entre otros.
Ensaya unas 70 piezas al año (estrenos mundiales, comisiones propias o de compositores con los que trabaja estrechamente para alcanzar la máxima precisión). Y ha colaborado con músicos como John Adams, Unsuk Chin, Hans Werner Henze, György Ligeti, Steve Reich o Frank Zappa.
Además de su propio sello discográfico y de una orquesta de mayor envergadura con miembros flotantes y permanentes, fundó en 2003 la International Modern Academy, dedicada a la formación y desarrollo de músicos con inclinación por el repertorio contemporáneo.
Los primeros acordes de Rojo en azul volátil (2007-2009/2012), de la mexicana Diana Syrse (1984), hicieron pensar en una melodía convencional que se resiste todo el tiempo a serlo, derivando en barrancos y fragmentos que recuerdan al cubismo. Por su parte, tria ex uno (2001), de Georg Friedrich Haas (1953), hizo una finta al comienzo con algo parecido a John Dowland para luego lanzar una serie de atmósferas minimalistas y oscilaciones espectrales; mientras que el estreno en México de Framed (2011), de Vito Zˇuraj (1979), es una pieza de la ultrafragmentación, donde cada frase recuerda un grupo de fractales.
Luego vino la canción amorosa Lovesong (2010), de Chaya Czernowin (1957), que remitió al afecto por medio de una trama de texturas creadas entre los alientos y las cuerdas, a veces aéreas, a veces terrestres. Y Ted Hearne (1982) impulsó a un mar de ritmos veloces y técnicas extendidas para cuerdas y alientos en su By-By Huey (2014), otro estreno en México.
Recobrado el aliento en el intermedio, vino uno de los platos fuertes de la noche: Rebonds (1987-1988), de Iannis Xenakis (1922-2001), interpretada magistralmente por Diego Espinosa, un pequeño gran monumento a las percusiones y a la conexión instintiva y milenaria con ellas.
A la mitad de la siguiente pieza, D’Apres (2012), de Clara Iannotta (1983), se desataron grititos de admiración y celebración. Habida cuenta de que entre el público había músicos y conocedores, no era de extrañar que alguien celebrara una pieza como si estuviera escuchando su hit más querido de la radio.
Copas de cristal con agua produciendo vibraciones sonoras, una cajita de música, mínimos silbatos, todo conjugado con instrumentos tradicionales confluyeron en esta pieza. Mientras que el plato fuerte performático de la noche fue el estreno en México unbreakable line. hinged waist (2002) de Jennifer Walshe (1974), donde el ruido fue protagonista. Las técnicas extendidas mostraron sus posibilidades acústicas: las cuerdas eran rasgadas con filamento de madera, se pisaban los pedales del piano con fuerza, sin tocar ninguna tecla, se frotaba una bolsa de plástico o el percusionista volvía a lucirse creando un ritmo ternario a partir de los sonidos que produjeron tres figuras de hule con silbatitos, entre ellas, un memorable pollo.
El postre, en el que participaron ocho integrantes de la Orquesta Juvenil Universitaria Eduardo Mata (OJUEM), fue Son of a Chamber Symphony (2007), de John Adams (1947). La pieza, en tres movimientos, es abstracta y está construida a partir de ritmos sincopados, sucesos en los vientos y los metales, ataques y las texturas de la celesta, las campanas tubulares y la electrónica, que acompañan un hilo melódico resignificado radicalmente en cada movimiento.
Cimbrados aún por estas resonancias, de camino a la salida, alguien le dice a su acompañante: “Es que te hacen vivir la música contemporánea”.

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