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Los habitantes del Estado de México que están asentados en los municipios de la región oriente (Chalco, Ixtapaluca, Temamatla, Tenango del Aire, Juchitepec, Cocotitlán), albergan una gran cantidad de ciudadanos, radicando en zonas de alta marginación donde el hambre y la falta de los mínimos servicios básicos, se conjugan con la pobreza extrema.

Las alegres cifras que a diario da a conocer el Gobierno del Estado de México, en cuanto a logros, servicios otorgados, empleo, educación, seguridad y otros mitos, son sólo estadísticas que a nadie le interesa, conocer, pero que además resulta un insulto para quienes viven en carne propia la falta de empleo, la carencia de alimentos, y la indiferencia del Gobierno del Estado de México, hacia estas personas quienes claman que no son ciudadanos de segunda, y que merecen atención y solución a sus problemas, por parte de las autoridades estatales.

Estos ciudadanos, asentados en comunidades donde el hambre y la falta de empleo son comentario de todos los días, tienen que ver con tristeza cómo muchos niños dejan de ir a la escuela, porque no hay dinero para lo más elemental como es el comer, y en algunos casos tienen que irse a trabajar con sus padres al campo, para traer algo de dinero para el sustento familiar.

Ellos, como la mayoría de los ciudadanos, son olvidados por los gobernantes a quienes sólo conocen en las campañas proselitistas, y luego de la época de las elecciones y consecuente triunfo de los favorecidos contendientes, jamás regresan a esas comunidades pobres, donde prometieron cualquier cantidad de beneficios, mismos que nunca llegarán, porque eso es lo que han visto durante toda la vida, una sarta de mentiras, traducidas en promesas incumplidas.

Por eso ahora exigen a las autoridades locales y estatales, detengan el creciente rezago social en los municipios de la región oriente, de donde la pobreza y el hambre se respira y que va de la mano con falta de empleos, poca o ninguna oportunidad de estudios, atraso, enfermedades y ni que decir de la ausencia de los servicios básicos, que -según los habitantes- les han sido prometido a las comunidades, por políticos que son como ave de paso, llegan prometen y jamás regresan.

En la región oriente de la entidad, están ubicados aquellos que albergan a los ciudadanos en mayor grado de pobreza, ante la indiferencia del gobierno estatal, quien es exigido por los habitantes a que visite estos lugares donde el comer una vez al día es motivo de tranquilidad.

Asimismo, las comunidades ubicadas en predios irregulares, como es el caso del municipio de Temamatla, hablando de la comunidad de Palenque y El Ranchito en la delegación Santago Zula, o la colonia Albertocos en la cabecera municipal, han sido olvidados por décadas por los gobernantes de la entidad, y hoy alzan la voz exigiendo a Ávila Villegas, voltee los ojos a estas comunidades marginadas cuya pobreza indigna y contrasta con la opulencia en la que viven los políticos de la entidad.

Otro de los municipios donde las cosas están igual o peor, es Cocotitlán, ya que existen colonias como la 20 de Noviembre, Los Alemanes, El Llano, Lomas de San Andrés, y la propia delegación de San Andrés Metla, donde las necesidades son muchas y los vecinos se quejan del nulo apoyo de Ávila Villegas a quien dicen no conocer, mismo al que dirigen un mensaje en el sentido de que haga algo para contrarrestar la pobreza económica y alimentaria en que viven y ayudar a que su vida sea más llevadera, sin olvidar la urgente y añeja necesidad de crear fuentes de empleo.

En el municipio de Chalco, la pobreza que lacera se encuentra asentada en comunidades como el pueblo de San Martín Cuautlalpan, La Candelaria Tlapala, Santa María Huexoculco, San Gregorio Cuautzingo, San Pablo Atlazalpan, San Juan Tezompa, las colonias Unión de Guadalupe, Nueva San Isidro, Nueva San Antonio, Jardines de Chalco, Culturas de México por citar algunas, donde la necesidad de la gente no solo es que falta de comer, sino que los servicios indispensables no han llegado y donde la gente se enferma en cada cambio de clima ya que sus viviendas son armadas con plásticos y cartones que el viento, las lluvias y los fríos, castigan duramente al grado de casi desaparecerlas y donde los moradores son víctimas de enfermedades durante la mayor parte del año, ante la indiferencia del Gobierno del Estado de México a quien reprochan esta precaria situación, que los tiene en las estadísticas que todos conocen pero todos ignoran.

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