Oaxaca, México, 6 de enero de 2026 ::: La investigadora Franziska Neff de la UNAM advirtió sobre la pérdida
de la traza original en los antiguos conventos de Oaxaca. La transformación de estos recintos históricos en comercios y restaurantes amenaza con borrar siglos de historia preservada entre sus muros.
Por ello, la experta se ha enfocado en estudiar y documentar “lo que los muros todavía nos pueden decir acerca de la historia” de esos inmuebles históricos, en especial, de los que fueron conventos femeninos en la ciudad de Oaxaca.
El año pasado, junto con colegas de la Universidad de Augsburgo, Alemania, Neff trabajó en el levantamiento arquitectónico de lo que fue parte del antiguo Convento de la Soledad, de monjas agustinas y hoy es el Palacio Municipal de Oaxaca. Se encuentra junto a la famosa Iglesia de la Soledad.
La investigadora señaló que este trabajo se realizó mediante la arqueología de la arquitectura, un esfuerzo interdisciplinario entre historiadores del arte, arqueólogos y arquitectos, quienes apoyados con drones, fotogrametría y otras técnicas, estudian las edificaciones a través de sus muros.
La especialista explicó que en Oaxaca hubo cinco conventos de monjas y sólo de dos de ellos se tiene información sobre sus plantas arquitectónicas históricas. El Palacio Municipal es uno de los tres de los cuales se carecía de datos.
Elaboraron los planos detallados y los entregaron al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). “Por primera vez tienen un plano fiable de lo que hay ahí y es fundamental para los trabajos de restauración que se realicen. Creo que la UNAM, como institución pública, puede hacer una gran aportación, justamente, al proveer este tipo de materiales”, dijo.
Neff, experta en arte de los virreinatos y quien ha participado en el seminario del INAH “Los conventos de monjas, arquitectura y vida cotidiana” también ha recabado información respecto a las diferencias entre la arquitectura de los conventos de monjas y de frailes.
Las monjas, explicó, vivían en clausura, encerradas. Uno de los aspectos más llamativos de sus edificaciones era el muro conventual que separaba la vida interior del exterior. No había ventanas en los inmuebles y existía una relación muy estrecha entre la iglesia y el convento porque debían acudir varias veces al día a rezar, escuchar misa, pero no podían ser vistas por los fieles, entre otros aspectos.
Había conventos de monjas con reglas muy estrictas, principalmente los de las órdenes agustinas y carmelitas, en los que había pocas monjas y vivían de manera muy austera. En tanto, conventos de las concepcionistas, ciertas dominicas y las jerónimas tenían normas más relajadas.
“Podían tener criadas, bienes propios y en vez de dormir en una celdita al lado de otra, tenían celdas más grandes que podían contar con cocina propia, sala, baño y no se ubicaban en la parte principal de clausura, sino que eran como 'casitas’ en el área del huerto”, aseguró.
La especialista de la UNAM agregó que existen avalúos de las celdas, los cuales se hacían cuando las heredaban o vendían. “Hay descripciones que nos permiten entender que eran como 'casitas’ pequeñas o más grandes, dependiendo del dinero que tenía la monja o su familia para poder pagar a un arquitecto para que les hiciera ese tipo de espacios”.
Lamentablemente, consideró, estos espacios no se conservan porque con la exclaustración, fueron las primeras partes de los terrenos de la Iglesia que se lotificaron y vendieron. “No tenemos muestra de cómo se veían, nada más lo podemos reconstruir mediante fuentes documentales o trabajo arqueológico”.
Los primeros dos conventos que se fundaron, el de las dominicas y el de las concepcionistas tenían ese tipo de espacios. El de concepcionistas, que actualmente es una panadería muy conocida por la población, se dañó por sismos a principios del siglo XX y se hizo un edificio mitad comercial, mitad habitacional. “Estudiamos el edificio Collada, donde se ubica la panadería La Bamby para saber qué queda del antiguo convento, dentro del edificio actual. Encontramos algunos indicios y logramos hacer un esquema de la planta, cómo pudo haber sido y también ubicamos dónde estaba la iglesia”, comentó.
La investigadora también ha documentado cómo era la vida en estos espacios importantes en el entretejido de la sociedad virreinal, pues allí vivían las hijas de las élites, es decir, eran instituciones para la alta sociedad. “Estaban ubicados en partes estratégicas de la trama urbana, formaban parte importante de la vida litúrgica de la ciudad, porque cuando se hacían procesiones pasaban por los conventos de monjas. Además, eran importantes centros de vida cultural porque cuando se requerían obras religiosas para la vida conventual, las mismas monjas hacían actividades artísticas, especialmente musicales”, indicó.
La experta remarcó que es importante documentar esta parte de la historia de las mujeres en los conventos porque ha estado bastante silenciada en la historiografía y porque eran “sociedades de mujeres”, pequeñas ciudades dentro de la gran urbe, y la vida cotidiana la determinaban ellas.
Con la exclaustración las monjas salieron de allí y los edificios conventuales tuvieron múltiples usos. Algunos se han convertido en hoteles de lujo, como el Hotel Quinta Real, cuya alberca está situada frente de lo que era la iglesia de un convento. “Creo que siempre hay que hacer un llamado a poner atención al patrimonio edificado que tenemos y sus transformaciones, pues mucha gente no conoce la historia de esos inmuebles y con eso se desconoce parte de su propia historia”, destacó.