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Se dice que las tres cuartas partes de los mayores conflictos en el mundo tienen una dimensión cultural destructiva del espíritu humano. Por lo que se ve, aún no hemos aprendido a superar esas mezquinas divisiones, a pesar de los mil encuentros que a diario celebramos con esa rica diversidad, de la que decimos sentirnos cohesionados, y nada más lejos de la realidad. Nos falta corazón y nos sobran egoísmos. Quizás deberíamos pasar a

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Tenemos que mejorar los cimientos éticos, luego es menester levantarse siempre, a pesar de las dificultades que muchas veces nosotros mismos generamos, con actitudes indecentes y salvajes. Hay quien dice que el auténtico avance humano radica, precisamente, en ese empuje moral, que es el que nos humaniza. Quizás tengamos que

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Las nuevas generaciones deberán tener una visión más universal y comprensiva, mediante el activo de un empuje más auténtico y solidario, si en verdad se quieren combatir las graves e injustas divisiones que puntean hoy el astro. En cualquier caso, la solución no pasa porque los países aglutinen más armas e impongan su fuerza, todo lo contrario, se requiere de otro espíritu más conciliador, lo que exige un mayor esfuerzo de

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Estamos cosechando un descontento social, que ya no sólo nos empobrece como seres pensantes, sino que también nos hace más violentos e inhumanos. Deberíamos estimular otros caminos más liberadores y equitativos, donde no hubiese tanto sentimiento de superioridad, y en su lugar, renaciese un mayor esfuerzo por servir a ese bien colectivo del que todos hemos de formar parte. A veces los tributos son injustos y los amos crueles.