Hoy escribo con mucha indignación. He tenido la oportunidad de repasar, un poco, la historia de los orígenes y finalidades de la Revolución Mexicana y veo —con mucha tristeza— que lamentablemente vamos en un franco retroceso. Y no es precisamente por las condiciones de la actual administración, sino por

El 14 de julio de 1789, se dio la “Toma de la Bastilla”, símbolo del inicio de la Revolución Francesa, ícono del liberalismo en el mundo. Representa el fin de un absolutismo que, durante siglos, ostentó y ejerció un poder ilimitado sostenida, en mucho, por un mero dogma de fe.

La sucesión de quienes ostentan en el poder es un tema que siempre ocupa parte del pensamiento de quienes lo ostentan. Se acepte o no, es parte de la propia naturaleza humana. Ciertamente gobernar requiere de convicción de servicio y grandes virtudes que

La historia de México da cuenta de confrontaciones constantes entre visiones de país. Monarquía contra República, federalistas contra centralistas, conservadores contra liberales, reaccionarios contra revolucionarios y demás visiones políticas subsecuentes,

La polarización política en México es una realidad. Se fomenta y alimenta desde ambos extremos políticos y pareciera no tener una pronta reconciliación. La polarización sirve para generar un control político en determinados sectores de la sociedad que,

Pareciera que la inmediatez y prontitud se imponen a la calidad y legitimidad de los productos políticos que —en otros tiempos— se habrían logrado tras intensas y profundas mesas de negociación en las que —por lo menos en la forma—, previo a la toma de decisiones, se escuchaban a todas las voces e intereses inmiscuidos en los temas, lo que hacía que éstos contaran con un mayor respaldo tanto político como popular.