Los taquitos

SINGLADURA

Tacos, tacotes y taquitos hay para todos los gustos y clases en México y/o  en Ciudad de México. Lo sabemos, es obvio. Desde el taco de canasta o sudadito que se expende a bordo de triciclos, bicicleta o velocípedo diverso hasta el placero de chicharrón, nopales y muchos más que sería prolijo ennumerar  y más aún detallar aquí, hasta

el famoso  restaurante taurino “El Taquito” de los hermanos Guillén en el Carmen, un sitio célebre por muchos motivos y razones, pero quizá en particular porque allí fue el lugar donde la famosa y más bien mítica Marylin Monroe probó el típico alimento mexicano, acompañado de un buen tequila en esos días que visitó la capital mexicana, donde fue descubierto su secreto íntimo por el fotógrafo mexicano Antonio Caballero, en un sorpresivo flashazo para la historia y muy a tono con la famosa picardía mexicana.

Pero todo este largo preámbulo para narrar que la víspera me abrí camino en las calles de Nueva York de la media pomadosa colonia Nápoles con la idea de disfrutar de algunos tacos en un domingo que amagaba lluvia, pero también prometía placidez, ésta última cada vez más escasa en esta megalópolis.

Poco a poco me fui internando por la calle de Nueva York, donde hace décadas se instala un  bien acondicionado mercado sobre ruedas, que dicho sea de paso resulta para el viandante o ciudadano común y corriente un espectáculo total a cada metro, ya por la cantidad de artículos que se expenden, por la creatividad muy mexicana  de sus puestos o changarros o por la variedad de todos y cada uno de sus bienes. Es una feria el mercado en México, quizá el refugio más auténticamente mexicano desde hace siglos. Pero también el espacio  urbanístico rural cuya riqueza y variedad contiene una de las claves de que este país, nuestro país, haya resistido tanto y de todo sin caerse a pedacitos.  Los mercados mexicanos son una diminuta radiografía nacional .

Pero una vez más divagué debido seguramente a que en los mercados uno sucumbe necesariamente. En tanta su riqueza que es difícil no aludirla.

Quiero sin embargo esta vez ir al punto por el cual escribo estas líneas. Llevado por el apetito, el antojo y aún la gula, tres primos hermanos que suelen ir juntos a cualquier lado, me interné en este mercado en busca de un taco pero sólo uno para iniciar el recorrido. Fueron hasta cinco consumidos en distintos puestos, ya en un caso seducido por los guisados tan ricos y tan variados que de repente uno quisiera empezar y terminar en uno solo de estos sitios, pero como la tentación de probar de otro tipo de taquitos es tan grande, abre uno de inmediato un paréntesis para seguir el periplo y degustar de un taco más, éste de carnitas, empapados en salsas, cebollas con chile manzano en limón y de allí otra escala más para visitar el changarro de pambazos, sopes, tlacoyos, quesadillas  y muchas cosas más confeccionadas de maíz.

Casi al final un par de higos naturales son una delicia y para rematar, un vaso cargado de la ancestral bebida mexicana conocida como Tepache. Listo.

¿La suma al final? 122 pesos, de los mismos tan devaluados, a los que se suman las propinas, UN total de 140 pesos, un equivalente a prácticamente dos salarios mínimos del país para financiar el consumo de una sola persona y una sola comida de las tres que se aconsejan. Menos mal que la economíia del país tiene fundamentos sólidos y marcha por buen camino ¿o no señor Meade?

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