Dejar Pasar…

Dejar pasar, fingir que las cosas están bien, engañar con discursos de defensa de la soberanía, demorar y tratar

de ganar tiempo son mecanismos nada recomendables y sí muy perjudiciales. Los avisos, las advertencias de Trump se están convirtiendo en presiones y estás en posibles acciones contundentes, tareas que se niega, por ley, a cumplir el gobierno mexicano.

 No hay garantías para la seguridad pública, no hay certeza jurídica en ningún sentido y lo que sí existe es una serie de acusaciones formales sustentadas en declaraciones juramentadas en tribunales estadounidenses que confirman una abrumadora complicidad con el crimen organizado, que no solamente se refiere a la producción y trasiego de drogas, sino al control electoral de diversas regiones de país (sino es que en todo el territorio), al ataque físico contra adversarios políticos, al secuestro, asesinato e incluso a usar a funcionarios de primer orden del gobierno a favorecer a los narcotraficantes con información privilegiada para su impune y criminal ejercicio.

Dejar que la fiscalía general de la República evalúe, califique, integre y decida sobre una carpeta de investigación que involucra a los de su mismo partido bajo órdenes de protección “desde arriba”, es simplemente burlarse de la Constitución, de leyes reglamentarias y de la responsabilidad jurídica y moral de los burócratas. Ellos, nosotros, todos sabemos de quienes se tratan y que un gobierno con autoridad y credibilidad tendría que haberlos separado del cargo y sujetarlos al escrutinio de las instancias correspondientes con asesoría y apoyo de instituciones y colegios de abogados.

No se necesita exhibir pruebas cuando hay 200 mil cadáveres y 130 desaparecidos como para anular, inclusive, su maniqueo y desgatado discurso del “2 de octubre no se olvida”.

Su incompetencia y perversidad se abrió espacio mediático con los 43 normalistas de Ayotzinapa, porque intentaron culpar a otros gobiernos cuando les reventó la realidad: están más que involucrados.

Pensar que Trump nos está tomando el pelo es jugar con fuego. Nombres y más vendrán sobre narcopoliticos adicional a que en el mundo ya se conoce a AMLO como el #narcopresidente y a la Cuarta Transformación como constructora de un narcoestado.

Que la presidenta (con a) sonría porque Trump le dice que tiene una”voz bella” solamente indica la inseguridad y nerviosismo. Pero actos como acudir a Barcelona, advertir que si no hay acuerdo comercial con USA la alternativa es China o Rusia y desafiar a Washington anticipando que el desmoronamiento de los cárteles es un movimiento político para desprestigiar al “presidente” López Obrador y a su gesta reformadora, representan retos que anuncian muy malos tiempos para México.

Ya Trump aseguró que si México no cumple, ellos, sí harán la tarea contra los narcoterroristas y está a punto de calificar al gobierno como eso: un narcogobierno.

Y más aún, se nota una escalada de las presiones, ya que Marco Rubio está considerando cancelar el permiso de operación de algunos de los 53 consulados de México en la Unión Americana, de acuerdo a un funcionario del Departamento de Estado.

Es más la vigilancia diplomática podría llegar incluso a desnudar a varios embajadores impuestos pero con sospechosa de ilícitos y están permanentemente observando a España en donde por cierto acaban de incautar una fuerte carga de droga. Si la presidenta (con a) continúa exigiendo pruebas seguramente se las van a exhibir poniendo en riesgo al “movimiento”, al gobierno, al partido y al expresidente y su parentela.

Hasta hoy Palacio se la está jugando no por México, sino por sus banda de políticos. Quiere ganar tiempo, 60 días, y al Mundial para limpiar su imagen, pero nadie garantiza que la cobardía y traición de tan solo uno de los recién sinaloenses acusados por Estados Unidos haga caer el castillo de naipes. Ahora resulta que muchos, muchos morenitas tienen que pasar por el Instituto para Devolverle al Pueblo lo Robado antes de pisar tribunales y quizá la cárcel.


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