Las palmaditas

Hace, digamos una horas, se vio al secretario de relaciones exteriores Roberto Velasco (en esta ocasión sin cacahuates) en un

encuentro con uno de los políticos más poderosos del mundo: Marco Rubio. Salieron al balcón mediático para la fotografía y para un apretón simbólico de manos que acabó en palmaditas.

 

La conclusión mexicana, como siempre, fue de triunfalismo y excelente diálogo. Sin embargo el mensaje estadounidense fue mucho menos amistoso de lo que creían sucedería. El funcionario estadounidense informó que trataron y discutieron acerca de  “acciones decisivas” para poner fin a la inmigración ilegal, detener el tráfico de fentanilo y desmantelar organizaciones terroristas extranjeras y cárteles. Es decir, la posición de la Casa Blanca es más que clara: no están negociando, están exigiendo y advirtiendo. En tanto Velasco subraya que fue una “colaboración sin subordinación” algo como cuando se “doblaron” en el salón oval a Marcelo Ebrard. El tema recurrente para Palacio Nacional es que México no es piñata de nadie, que debemos defender la soberanía y rechazar el injerencismo porque no hay “pruebas”.

Sheinbaum no explica ni articula mensajes de por qué la exigencia de Washington, de establecer líneas de colaboración contra los carriles y entregar a los corruptos con o sin apellido de fama. Los planteamientos de allá para acá no son ni fáciles ni tersos como pretende fingir el oficialismo mexicano.  Incluso es importante descifrar el lenguaje corporal, los gestos, ademanes, seguridad, formas de caminar…para entender muchas señales.

El dominio completo era de Marco Rubio por varias razones. Estaba en su casa, con su gente, en su espacio, con información y dominio de la situación, pero además con el pleno conocimiento de quién es y que representa Velasco quizá convertido hoy en su olé mensajero de las condiciones estadounidenses que al parecer no tienen ni ajustes ni marcha atrás.


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