Estos meses, el cierre de año, presentarán una fuerte presión al gobierno y particularmente a Sheinbaum. La crisis política en su partido, los desatinos económicos,
una deuda creciente e insostenible, la ausencia de sanciones para los defraudadores y criminales, las investigaciones en Estados Unidos contra funcionarios en ejercicio de México y las enormes pérdidas en las mega obras de AMLO son apenas algunos expedientes que no se corrigen pero si aumentan.
Pero la presidenta (con a) y Morena se ocupan del inicio del proceso electoral, -muy importante-, para el 2027. Mueven a sus posibles candidatos, -“corcholatas” les llamaría AMLO-, entre aplaudidores, encuestas y lo fundamental, los leales a AMLO y a Sheinbaum.
Muchos de los hoy que se sienten poderosos no solamente perderán la visa estadounidense sino el fuero, la descobijada será de pronósticos reservados. Incluso en el Verde y el PT ya evalúan si participan en alianza con Morena dependiendo del aspirante y de la plaza.
Las apuestas, las tómbolas y las rifas de personajes estarán a la orden del día porque así acostumbran, así se tratan, así se evalúan. Las tandas por cuotas de género y los cuates que se quieren filtran serán también un termómetro a considerar antes de medir talentos y capacidades.
Ya vimos que le ocurrió a Marín Mollinedo quien en privado y en público presumía con seguridad su candidatura a la gubernatura. Otra caries en su proceso es Andrea Chávez que trepando con favores y complicidad pretende imponer condiciones como cuando le levanta el tono a Adán Augusto en respuesta a la falta de apoyo de “esa señora” (Sheinbaum).
Guerrero será clave en el proceso y Michoacán un punto sísmico evidente. Zacatecas en convulsión. Es decir, pegado a los conflictos mayúsculos en política y economía dentro de Palacio, los sombrerazos entre los morenistas (también así se llevan) aceitan maquinarias para dejar a incondicionales -cómplices- que continúen manteniendo al Estado nadando de muertito.