Ataque desde la ONU

Este señalamiento fue directo, un misil de alto impacto, una acusación frontal, un ataque preciso: “México es el epicentro de la violencia de los cárteles". El presidente

Trump declaró ante la 81 Asamblea General de la ONU que es inaceptable compartir una frontera de 3 mil km con un territorio controlado por cárteles enemigos.

Sentenció que los narcos mexicanos son el ISIS del hemisferio occidental. Y esto no representa una sacudida más sino una afirmación protegida con datos, inteligencia, argumentos.

No tenía ni 72 horas que por defender a Rocha Moya, Sheinbaum acusara de la violencia en Sinaloa a Estados Unidos, una posición muy temeraria y peligrosa sobre todo cuando hay elementos suficientes para probar la fuerza de los narcos en ese territorio y las irregularidad- por decir lo menos- del gobierno estatal.

La terquedad de ocultar, defender y otorgar impunidad a los burócratas acusados por los tribunales neoyorquinos incluyendo al exgobernador, deja espacio para discursos revanchistas de Palacio Nacional, pronunciamientos poco diplomáticos y que Sheinbaum no presenta “pruebas “ como exige con frecuencia.

Hay quienes piensan que Trump no actuará directamente contra los grupos delictivos en México, -incluyendo a narcopoliticos-. Sienten que es demasiado arriesgado para Estados Unidos por ser frontera y un fuerte socio comercial.

Atinan a pensar que las presiones llegarán y fuertes con sanciones de carácter migratorio y comercial. Sin embargo, y en contraparte, el tono bélico del magnate rebasa límites. No es el trato segundón, burlón e irónico a Sheinbaum. No es el que no se haya registrado un encuentro de Estado entre Sheinbaum y Trump, sino que las armas están dispuestas a usarse.

Muchas cosas se ventilan abiertamente en el salón de sesiones de la ONU, incluyendo a Chávez, el venzolando mofándose del presidente estadounidense, George Bush, refiriendo que el sitio lo había dejado con tufo de
azufre o al incendiario Gadafi llamando Consejo del Terror a la ONU en su alocución de 95 minutos.

Pero difundir frente a todos los representantes del mundo que México es un sitio peligroso, inestable y violento va más allá que un reflejo difamatorio y poco reflexivo.

La baja estatura de Relaciones Exteriores con Ebrard, De La Fuente y Velasco, además de los poco amigables discursos de la presidenta (con a) permiten ver dos cosas: una elemental falta de experiencia en el sector usando a la SRE como oficina de empleo y colocación para incondicionales y protegidos por señalamientos de corrupción, hasta el uso de la diplomacia para imponer criterios comunistas de confrontación con quienes piensen y actúen diferente a los lineamientos del foro de São Paulo, una conferencia y mecanismo de concertación de partidos y organizaciones políticas de izquierda de América Latina y el Caribe, lanzado por el Partido de los Trabajadores de Brasil, bajo el liderazgo de Luiz Inácio Lula da Silva, en conjunto con el gobierno de Cuba representado por Fidel Castro.

¿Qué sigue? Continuar escuchando los planteamientos de Sheinbaum acusando de injerencista a Los Estados Unidos pero evadiendo que de nuestra parte se expulsan a miles de ilegales y toneladas de drogas (¿a eso como le llamaría Sheinbaum?). Esto podría en breve dejar de ser arena de despliegue oratorio para convertirse en una pugna profunda que no beneficie fundamentalmente a México.


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