El mentiroso decadente

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La decadencia se puede definir como la pérdida progresiva de la fuerza, la intensidad, la importancia o perfección de una cosa o una persona. También se la define como el periodo histórico en que un movimiento artístico o cultural, un Estado, o una sociedad, van perdiendo la fuerza o los valores que los constituyen y se debilita hasta desintegrarse. Hay quienes señalan que esta singularidad es el principio de la ruina y se trata de un deterioro a través del cual las condiciones que le otorgan fortaleza a los países comienzan a declinar.

La sociología se refiere a la decadencia como un colapso, en el que una sociedad, civilización o cultura experimentan un declive que lleva inevitablemente a la extinción de ciertas características. Para decirlo más claro, en Estados Unidos se habla de que hace tiempo están atravesando por una decadencia cultural y una inusitada rapidez de sucesos con la que sus valores se han venido contaminando y degradando. Pero aún así, en lo personal creo que todavía es reversible.

La llegada de Donald Trump a la Presidencia del país más poderoso es un grave indicativo de la degradación de esa sociedad que parece haber extraviado los valores que marcaron el destino para convertirse en la nación más poderosa e influyente del mundo. La pregunta que muchos se hacen ante los brutales dislates que el presidente estadounidense ha venido cometiendo es: ¿Es ésta la decadencia real? ¿O solamente es una mala interpretación de lo que significa el poder?

Cualquiera que sea la respuesta, la causa apunta directamente al señor Trump. Y lo señalo porque la vocera de la Casa Blanca, Sarah Huckabee Sanders, confirmó que la conversación entre el presidente Trump y el mandatario mexicano, Enrique Peña Nieto, en la que se habló sobre el tema de migración ocurrió en Alemania durante el G20 y no durante una llamada telefónica como aseguró el mandatario norteamericano. Para decirlo más claro, Trump mintió o ya comenzó a dar muestras del Alzheimer.

De cualquier forma Huckabee negó que el mandatario norteamericano hubiera mentido al señalar que la conversación tuvo lugar, sólo que no fue por teléfono, sino en persona. Desde luego que la Casa Blanca está obligada a minimizar los daños ocasionados por las irresponsables afirmaciones de su presidente, pero lo que menos puede permitir el Gobierno mexicano es que se ponga en duda la honorabilidad del presidente Enrique Peña Nieto. Por eso se tiene que desmentir a Trump con las consecuencias que ello conlleve.

Si existe una certeza, es que la decadencia de la sociedad norteamericana comenzó y avanza a pasos agigantados.

Haber elegido a un sujeto con la calidad moral de Donald Trump, quien construyó su imperio económico a través de engaños y evadiendo al fisco, habla de que la sociedad que ahora representa y encabeza tiene muchas similitudes con su mandatario. Siempre dije que solamente los idiotas votarían por Trump, y los idiotas demostraron ser mayoría en Estados Unidos. Es el inicio de la decadencia. Al tiempo.