La ecuación entre la productividad y los municipios

CONGRESO MEXICANO

Un tema del cual parecería manoseado por muchos es la complejidad que existe detrás de la Zona Metropolitana conocida como Valle de México, una de las 59 que hay en nuestro país. Si cuando se revisan los temas pendientes a nivel municipal la lista es

larga, súmese a esta complejidad las demandas insatisfechas de los habitantes que colindan entre el Estado de México, el Distrito Federal e Hidalgo.

El resultado de esta ecuación no es el esperado, aunque se conozcan las variables que intervienen. Porque el Valle de México es el más complejo dentro del fenómeno de la zonas metropolitanas, así lo establece al menos el INEGI en su censo de 2010, que señala que en nuestro país existen 59 áreas en las que radican 63.8 millones de habitantes, representando el 57% del total de la población a nivel nacional. La más grande es la Zona Metropolitana del Valle de México, compuesta por 3 entidades federativas (DF, Estado de México e Hidalgo), con 59 municipios del Estado de México, 1 de Hidalgo y 16 Delegaciones del Distrito Federal.

Sin embargo cuando el análisis no pasa de lo estadístico, de lo numérico y no se consideran las demandas cotidianas de la población -la necesidad de mejorar los servicios que a diario usan 14 millones de personas- las políticas para atenderlas terminan por ser una obviedad y mandarse al lugar de las variables residuales, al rincón de la pereza intelectual.

Mejorar la economía de las familias que viven en esta Zona Metropolitana implica hacer esfuerzos más allá de la creación de Comisiones Metropolitanas –las cuales resultan ser sólo áreas de consulta- para contar con mecanismos que mejoren el acceso a las áreas de trabajo, que apuesten por la real interconexión entre el lugar en el que se vive y se trabaja. Si queremos mejorar la productividad de nuestros habitantes las autoridades deben de evaluar, a través de una ecuación sencilla cuánto tiempo y dinero gasta a diario una persona para trasladarse a sus centros de trabajo, situación que genera frustración, pérdida en la calidad de vida e incluso decepción hacia las autoridades responsables.

Mejorar la variable de la accesibilidad puede y debe redundar en una mayor productividad laboral, en mejores ingresos, en la posibilidad de tener más empleos, en regresarle un poco al ciudadano de la tan cacareada calidad mínima de vida que se requiere como incentivo para incrementarla.

Porque una Zona Metropolitana que le importen los rostros de frustración con los que cada día las y los ciudadanos ven pasar largas horas de su vida en tránsito vial, una Zona Metropolitana que esté encima de las diferencias partidistas de sus gobernantes, será una Zona Metropolitana plural e incluyente. Sirva de ejemplo lo que está sucediendo en un municipio mexiquense, en Huixquilucan concretamente, en el que los liderazgos tienen claro lo importante: se puede hacer gobierno en la pluralidad política. Este es el nuevo rostro de los gobiernos incluyentes y ojalá todo el Valle de México en su conjunto pueda aprender algo de esta ecuación.

Dr. Luis David Fernández Araya

*El Autor es Economista y Doctor en Finanzas, Profesor Investigador de Varias Instituciones Públicas, Privadas y Funcionario Público.

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