Zapata Bello

SINGLADURA

En un país envalentonado, violento y predominantemente  cruento como México, Yucatán, que gobierna hace tres años el priista Rolando Zapata Bello, asemeja un oasis.

Podría explicarse porque en su reducida geografía habitan y bien, unos dos millones de personas, descendientes en su mayoría de los mayas, sorprendentes, maravillosos y extintos, sin que todavía hoy se conozcan cabalmente las circunstancias o motivos.

La atmósfera de Mérida, la capital con una población que  ronda el millón de personas,  es plácida, risueña y grata. Tanto que –insisto- sorprende al visitante común, más todavía al chilangopolitano promedio .

Estado y ciudad capital  se solazan de manera similar a como  comparten Zapata Bello y Mauricio Vila, el alcalde panista, el escenario del poder.

De igual forma y también concita la atención del visitante ocasional el buen humor del emeritense y  del yucateco en general.  Gente amable y gentil en una  ciudad, limpia, ordenada y plácida que deja caminar  al viandante sin prisa y con sosiego. Pero además deja espacio para la consulta callejera, para la detallada  orientación ciudadana. Es una atmósfera respirable, ambiental y socialmente.  Por ello sorprende buenamente, más todavía a un chilangopolitano ordinario.

De esto último tuvo que haberse percatado Miguel Angel Mancera, cuando la víspera visitó Mérida para escuchar  el tercer informe de gobierno de Zapata Bello.

Mérida es una ciudad risueña. Ciudad de México es un calvario. Es cierto, -concedo- las diferencias son abismales. Tiene razón Mancera, aunque no del todo.

La calle, el transporte, el taxista y sobre todo el mercado no dejan mentir en Mérida. La gente habla y bien del gobierno de Zapata Bello. No así del que encabezó Ortega Pacheco, quien también estuvo presente en el informe. 

“Aquí, gracias a Dios, no nos falta trabajo”, me confía un hombre sencillo que dijo llamarse Abundio, trabajar de velador y vivir en un pueblo próximo a la capital yucateca y quien me guíó de manera espontánea, amable y gentil hasta el mercado Lucas de Galvez, en el corazón antiguo de la eterna ciudad blanca.

En el Lucas de Galvez la gente también está de buenas, sonríe, comparte, incluso recetas para cocinar el relleno negro, el brazo de reina, el lechoncito o la famosa cochinita pibil. Le dicen cómo usar el recado negro o el rojo, ingredientes éstos de la vasta y sabrosa propuesta culinaria yucateca.

“Usted venga cuando quiera y yo le digo dónde y cómo”, suelta al marchante ocasional una mujer de cabello entrecano en sus sesentas.

La gente –insisto- está de buenas. Constato  el mismo ánimo y buena disposición de otro emeritense en sus cincuentas, quien con una sorpresa que sorprende –dicho así- recuerda un asesinato reciente en el sur de la ciudad. ¿Un asesinato? Mhhh.

Al informe, el tercero de Zapata Bello –la mitad del camino- asistieron este domingo el titular de Turismo, Enrique De la Madrid, -quien vino a Mérida con la representación de Enrique Peña- y los  gobernadores de Tabasco, Arturo Núñez, de Campeche, Alejandro Moreno e Hidalgo, Francisco Olvera.

Además, las ex gobernadoras yucatecas, Dulce María Sauri y Ortega  Pacheco, así como el senador Emilio Gamboa. 

Todos ellos escucharon y bien por unos 90 minutos a Zapata Bello, quien recordó que hace mil 203 días hemos caminado juntos hacia la sociedad de bienestar y competitividad a la que todos -sin importar diferencias políticas, sociales o individuales- aspiramos”.(fin).

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