La manipulación política: la basura debajo del tapete.

EL ESTADO Y SUS RAZONES 
En la era moderna, en donde la democracia ha encontrado cabida como forma
socialmente aceptada de gobierno, se ha presentado un fenómeno recurrente que, en mucho, ha afectado la percepción pública de sobre las bondades y utilidad del gobierno: la mercadotecnia política.
Desde que determinamos que la mejor manera de ejercer la democracia era mediante el sufragio, los políticos de carrera se avocaron a encontrar mecanismos más eficaces tanto para hacerse notar como para difundir su mensaje e ideas. Así, se empezaron a gestar técnicas de comunicación y promoción que, en muchas de las veces se pervirtieron en mecanismos de adoctrinamiento de masas, cuya principal finalidad era el control político y el sometimiento.
Este devenir propició que transitáramos del discurso en la plaza pública, a la difusión de mensajes de menos de 240 caracteres en el Twitter; del cartel pegado en postes a las grandes mamparas espectaculares; y del contacto puerta por puerta al envío masivo de mensajes personalizados a correos electrónicos y cuentas en redes sociales; todo ello, pasando por la manipulación mercadológica para posicionar opiniones y puntos de vista generalizados, en donde el libre albedrío sirve de vía para establecer tendencias, gustos y preferencias, que son disfrazados de necesidades imperiosas y exigencias espontaneas pero casualmente coordinadas en varios puntos del orbe.
De este modo, las estrategias de manipulación y de mercadotecnia política han sido utilizadas tanto para posicionar políticos en contiendas electorales, como estatuir regímenes en el orbe, mayoritariamente autoritarios, para generar mecanismos de control más eficaces, incluso, que la fuerza del Estado.
A través de mecanismos de difusión y propaganda eficaces, basados en intereses, preocupaciones recurrentes y coincidentes entre las personas, recopiladas a través de los medios de comunicación tradicionales y nuevos, como las redes sociales, se generan tendencias que dirigen la apreciación y percepción de las personas que forman parte de la sociedad. Si esta percepción es favorable para con el actuar del gobierno, es mucho más factible realizar acciones gubernamentales novedosas, siempre y cuando se justifique con lo que la gente requiere; sin embargo, si esta percepción le es desfavorable, difícilmente podrán gobernar con eficacia, pues toda acción emprendida, por más noble o justa que pudiera parecer, está condenada inevitablemente al fracaso, pues carecerá de respaldo.
Así, mientras el juego de las percepciones y manipulaciones continúa en la mayor parte de las naciones del orbe, pues todos los gobiernos hacen uso de la manipulación mediática, la inevitable realidad se hace presente. Por más que se intente disfrazar, la pobreza, la corrupción y la inseguridad siguen ahí; por más anuncios triunfalistas, discursos claros y frases pegajosas, la realidad es que sigue habiendo graves deficiencias en el actuar gubernamental mundial que, tarde o temprano, materializan y aparecen como problemas nuevos, siendo que simplemente estuvieron ocultos debajo del tapete.
@AndresAguileraM